“… Cargar con uno, muy grande y poderoso…”

23/08/2020

Debemos recopilar datos de aquellas personas que han participado en la Despedía para que sirvan de nexo a los conocimientos que han llegado de esta representación, costumbre y tradición tan arraigada en las masas populares aloreñas. Esta revista ha ido publicando nombres de algunos hombres que participaron como portadores que conocemos bien por documentos o relatos de los recuerdos de sus descendientes. Voy a continuar esta relación con algunas incidencias que más tarde se integran en el quehacer actual de la Hermandad.

Antonio González Berrocal portador de la Despedía de final de los cincuenta a principios de los sesenta.

Parto del año 1967 cuando Andrés Segura Estrada escogió a Juan Rengel González para que le sustituyese en la Despedía. Juan ocupó el varal delantero derecho, y sacó a Jesús desde la Parroquia hasta el final de la calle Atrás, aquí se relevaban y volvían a coger al Señor en la Plaza Baja los que hacían la Despedía. Pero Juan, no sintiéndose con fuerzas para hacer las correspondientes genuflexiones, amén del Padre Nuestro que rezaban de rodillas los portadores delanteros en las Torres, se marchó a la calle Tomas García donde vivía con sus padres. Hasta allí, le buscó Andrés Segura y le entregó su faja – en aquella época para hacer la Despedía no se equipaban con fajas ni rodilleras- y le convenció porque más que fuerza, lo que se necesitaba era nervio. Juan Rengel hizo la Despedía ese año y los sucesivos, y como a su edad no podía manejar bien la horquilla, la desechó; cundió el ejemplo en todos los portadores, desecharon las horquillas también ellos, y desde entonces no se utilizan.

El primer equipo de Juan lo formaron en la parte delantera del trono Miguel Estrada Pérez, Juan Rengel y sus primos Miguel Rengel el Grajo y Paco Rengel Aranda Frascorrito. Detrás, habitualmente ocupaban los varales Clavellino, el Nino, Juan Sanguango, Pedro Vera Ortega y Antonio Moreno Berrocal. Se sabe que Antonio Moreno vestía siempre la túnica de su abuelo, que hoy guarda su familia con gran aprecio. Y se cuenta, que a primera hora del Viernes Santo, María del Carmen, la tía de Antonio, le hacía un café cargado y un batido de huevos «porque decía que tenía que cargar con uno, muy grande y poderoso». Estando ya enfermo, al pasar Jesús por la calle la Parra se dirigieron a él en plan cordial para que volviese a meter el hombro en la Despedía. Fue tal su dolor ante su impotencia que sin responder se introdujo en el portal de mi casa para que no le viesen llorar.

Después de la comida del Viernes Santo en casa de Pedro Bernabé, a los que le habían intervenido en la Despedía bajo los varales, se les gratificaban con un sobre conteniendo dinero -en la mayoría de las ocasiones eran las obras sociales de aquellos años-. Estando en un aparte Juan Rengel junto al Perdío y a Sardina vio venir a Paco Lucas con el sobre, pero Juan declinó aceptarlo indicando que el contenido del mismo lo destinaran para las flores que necesitaban comprar para el Señor.

A partir de entonces todos los sobres se destinan a ese fin. Los que antes realizaron la Despedía igual que los que hasta ahora intervienen bajo la túnica del Señor de las Torres, ya sea bajo la primitiva que Yuste pasó al terciopelo expresamente traído de Lyon en 1865, o las túnicas posteriores que posee Jesús, todos han confiado en el Nazareno y quedarán saciados de gozo en su presencia al final de los tiempos.

Felipe García Sánchez

Revista Nazareno de las Torres, año 2006

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