Efemérides.- 60º aniversario de María Santísima de las Ánimas

15/06/2020

Después de varias Semana Santas sin salir, los funcionarios del Ayuntamiento de Álora piden permiso a la Archicofradía para poder sacar en procesión a la Virgen de las Ánimas. Con el permiso de la Archicofradía, la noche del Viernes Santo de 1982, la Virgen de las Ánimas vuelve a salir a la calle, pero cuando el trono llega a la Plaza Baja, los funcionarios del Ayuntamiento no se ven capaces de continuar con la procesión, por la falta de personal y lo pesado del trono. Entonces, deciden acudir en busca de la gente que estaba en los diferentes bancos y bares de la Plaza Baja para que les echen una mano y volver a subir a Las Torres. Pero una vez que consiguen a la gente suficiente, estos voluntarios’ deciden que antes de volver a Las Torres van a hacer el recorrido completo. Y así lo hacen. Entre todos, hombres y mujeres que arrimaron su hombro, nunca mejor dicho, quedan vinculados para siempre a la Virgen de las Ánimas. Estos hechos, sin duda, marcan un antes y un después en los sesenta años de historia de esta imagen, una de las Titulares de la Archicofradía.

El 2 de abril de 1953 se procesionó por primera vez en Álora a la Virgen de las Ánimas. Esta Semana Santa 2013 se cumplen 60 años de aquella Cuaresma, seis decenios que se van a intentar reconstruir gracias a testimonios directos de la historia de la Virgen de las Ánimas. La mayoría de las fechas que aquí se reflejan son aproximadas, algunas de ellas se contradicen entre los testimonios de los testigos directos estos 60 años de historia de la obra póstuma del escultor perote José Navas Parejo.

La historia de la Virgen de las Ánimas comienza a escribirse un año antes, una Semana Santa antes, de ese 1953, cuando la Virgen de los Dolores no acompañó a Jesús de las Torres por las calles de Álora en la noche del Jueves Santo. Según nos cuenta Adelaida García Morales, aquella noche de Jueves Santo, su padre, Francisco García Morales, Hermano Mayor de la Archicofradía, llegó «indignado» a su casa diciendo que a mí esto ya no me pasa más». Y en cuanto acabó la Semana Santa se puso camino de Granada para encargarle a Navas Parejo una Virgen que acompañase al Señor de las Torres. Una obra cuya policromía tuvo que finalizar el hijo de Navas Parejo debido al fallecimiento de su padre y que en la Semana Santa de 1953 ya estaba en Álora.

Entonces, fue en la noche del Jueves Santo ese año cuando la Virgen de las Ánimas procesionó por primera vez por las calles de Álora. Según recuerda Adelaida, este año a la Virgen de las Ánimas «algunos le pusieron la madrastra», por el hecho de salir el Jueves Santo junto a Jesús de las Torres y la Virgen de los Dolores. También recuerda Adelaida como su padre fue a Málaga donde se representaba una obra de teatro de Guillermina Soto y contrató a los Legionarios Romanos para que escoltaran a la Virgen.

Para ese primer año, la Virgen de las Ánimas salió en procesión con un manto de flores, cuyo diseño se encargó en Málaga y fue realizado por las faeneras de Antonio Morales. Pero como recuerda Adelaida, ese manto era muy grande «y costó mucho trabajo pasar por la calle Zapata», por lo que fue la única vez que se vio a la Virgen de las Ánimas con un manto de Flores. Para el año siguiente fue Margarita Morales quien cosió un modesto manto para la Virgen, que con donaciones de personas de la Archicofradía fue aumentando su ajuar. Pero Francisco García tuvo que desplazarse a Málaga por motivos laborales y la Virgen de las Ánimas dejó de salir, siendo el económico el principal motivo, indica Adelaida.

Junto a Adelaida García Morales, otro de los testigos directos de estos 60 años de historia de la Virgen de las Ánimas, quizás el más directo, sea Juan Guerrero Durán, más conocido como Juanito, Albacea de la Archicofradía y vestidor de la Virgen durante casi estos seis decenios, desde que cogió el testigo de la primera camarera de la Virgen, Rafaela Zamudio.

De estos primeros años, Juanito recuerda un «manto colorao» que le hizo Margarita Morales a la Virgen, y que luego se pintó en negro. Además, Juanito relata cómo poco a poco las faeneras de Antonio Morales, muy protagonistas en esta primera época, le fueron comprando y haciendo vestidos a la Virgen. También recuerda Juanito una corona a la que faltaba una estrella, y cómo montaba la imagen de la Virgen de las Ánimas de tal forma que se quedara más baja de lo que realmente era, «y la gente decía que le había cortao un peazo», rememora entres sonrisas.

Las primeras procesiones de la Virgen de las Ánimas en el Viernes Santo se ponían en marcha, según los recuerdos de Juanito, desde el almacén que la Hermandad tiene en el patio de los naranjos, cuando el trono iba acompañado por un tambor. Y entre los nazarenos, la Archicofradía volvía a recurrir a las faeneras para que fueran a alumbrar a la Virgen, cuando los fieles que acompañaban en la procesión no eran tan numerosos como en la actualidad. Por su parte, Adelaida apunta que en los años en que la Virgen acompañó a Jesús de las Torres el Jueves Santo, «se partían los nazarenos».

Hasta hace dos años, la imagen de la Virgen de las Ánimas se veneraba en la capilla de las Torres, pero en sus inicios, antes de que construyera el altar en dicha capilla, varias casas fueron el refugio de Nuestra Señora de las Ánimas. Juanito nos apunta dos casas antes de que la imagen se trasladara a la capilla de las Torres, en una fecha en la que los testigos no alcanzan a concretar. Cuando llegó al pueblo, la Virgen de las Ánimas estaba en la casa de Paca Sáenz, en la Fuentarriba, y la gente se impresionaba al verla», cuenta Juanito. La siguiente ‘capilla de la Virgen de las Ánimas fue en la calle Zapata, en la casa de Trini Gómez.

Después de estos primeros años, la imagen de la Virgen deja de salir en procesión por las calles de Álora, aunque los dos testimonios que hasta ahora han narrado la historia de los primeros años no alcanzan a recordar desde qué año concreto dejó de salir y si en medio hubo alguna salida. La única fecha comprobada que se puede tomar como referencia es la de 1969, año en el que las penurias económicas impidieron que Alora hubiese procesiones durante la Semana Santa.

Y tras esta época de ostracismo y poco documentada en cuanto a fechas, se llega al año 1982, que marca un antes y un después en la historia de la Virgen de las Ánimas. Juan Guerrero Durán, Juanito, fue testigo directo de los hechos, ya que acompañaba a la Virgen de las Ánimas cuando los funcionarios del Ayuntamiento tomaron la decisión de buscar a gente en la Plaza Baja para volver a las Torres con el trono. «Fue entonces cuando le pusieron ‘la Abandona’ -cuenta Juanito, pero no la abandonaron, sino que como vieron que no podían seguir adelante, buscaron a gente para subir a la Virgen a las Torres». Pero entonces, toda la gente que se consiguió reunir en la misma Plaza Baja, decidió hacer el recorrido completo antes de volver a las Torres desde donde «no la deberían haber bajado», según Juanito, debido a que ya allí antes de salir se veía que no había personas suficientes para sacar la procesión adelante.

A partir de ese 1982, las personas que se encargaron de completar el recorrido completo de la Virgen de las Ánimas, decidieron quedarse para siempre. Y desde la Archicofradía se decide que tiene que haber alguien de la Junta de Gobierno que esté cerca de este grupo de personas que decidió continuar sacando cada año la Sagrada imagen. Ese alguien es Pedro Fernández Morilla, más conocido como Pedro «el Perilla», que cuenta cómo su primer contacto con la Virgen de las Ánimas fue en el año 1983, «cuando mi compadre Andrés Romanones me llamó para que le pusiera unas baterías al trono para que la Virgen pudiera salir con luz». «A partir de ahí Paco Lucas me nombró vocal de la Virgen de las Ánimas, para que se viera que la imagen pertenecía a la Hermandad». Aunque Pedro recalca que la Virgen salía adelante por «la gente de la plaza», «era la gente de la plaza la que se volcó para que la Virgen saliera cada año».

De esos años Pedro explica cómo se empezó de cero». Las primeras velas las compró él en Alhaurín de la Torre. «Cada una era de una forma porque fui comprándolas por muchas tiendas. Me las pagó mi madre», rememora Pedro. Además, de Alhaurín también llegaron unos varales nuevos «que le pedimos a la cofradía de Los Verdes. Los que teníamos se quedaban chicos porque ya había más gente llevando el trono que nos hizo Benito el carpintero, que además hacían mucho ruido. ¡No veas cómo sonaban en mitad de la calle Ancha!», recuerda Pedro entre risas. También recuerda Pedro cómo encargó unos bastones para la gente que se encargaba de ordenar la fila, «y uno más grande para Pepe Gasolina». Una fila en la que, cuenta Pedro ‘el Perilla’, no iba mucha gente en estos primeros años, especialmente de vuelta a las Torres, cuando, nada más poner el trono en el inicio de la calle Ancha «empezaban los ¡Viva la Abandoná!, que ya por suerte van desapareciendo», relata Pedro, quien recalca el trabajo «que la gente de la Plaza hacia durante todo el año para sacar adelante a la Virgen de las Ánimas».

A finales de los 80, sin recordar la fecha exacta, hubo otro cambio significativo en la procesión: la Banda Municipal de Música empieza a acompañar al trono de la Virgen la noche del Viernes Santo. “Desde el año que nació la banda, empezó con la Virgen», explica Pedro, que recuerda como primero fue a pedirle permiso al cura por si en un día de silencio, como era el Viernes Santo por la noche, se podía meter a una banda de música. Con la respuesta afirmativa del cura, se le comentó la posibilidad al entonces Hermano Mayor, Antonio Martos, que le dijo que hicieran lo que quisieran, según relata Pedro. La idea surgió de Pepe el Marlo, cuyos hijos estaban en la banda de música y sugirió que ya se sabían algunas marchas. Aquí, Andrés Ramírez Ocaña, hijo de Antonio Romanones, antiguo sepulturero, recuerda cómo fueron al colegio Miguel de Cervantes para hablar con el director de la banda para contratarla. Andrés también apunta que otros de los motivos por los que se pensó en contratar a la banda se debió al interés de su padre, una de las personas que arrimó el hombro en el año anterior, que le gustaba mucho la música».

Con música, con una fila de fieles cada vez más numerosa, con mucha gente del barrio volcada y con unas bases de trabajo a base de reuniones, llega la década de los noventa, la época del despegue definitivo de la Virgen de las Ánimas, cuya procesión se consolida y cuya fila de fieles alumbrando cada noche de Viernes Santo empieza a crecer hasta convertirse en la más numerosa en toda la Semana Santa de Álora. Es habitual la estampa que se repite cada año con la calle Ancha iluminada por miles de velas.

«Según las velas que repartimos, podemos calcular que cada año van más de mil personas alumbrando», apunta uno de los principales testigos, y artífices, de esta consolidación de la procesión de la Virgen de las Ánimas, Juan Ignacio Díaz Bravo, Teniente Hermano Mayor de la Archicofradía desde 2004 hasta el año 2010, pero cuyos primeros contactos con la Virgen de las Ánimas se remontan al año 85″, cuando acudió de alumbrar después de que ese año su mujer, Adriana, aprobase las oposiciones. «Y ya me quedé», explica Juan.

Y se quedó para comprobar algunos de los acontecimientos más destacados de estos sesenta años de historia. Aunque antes, Juan recuerda cómo se acercó a la Virgen «Como yo era de la plaza, los que en el año 82 recogieron a la Virgen me vieron que fui un año y me pidieron que me quedara». De aquellos años Juan recuerda las reuniones en algunos bares de la Plaza Baja, los toques de atención a algunos participantes de la procesión que no iban en las mejores condiciones, pero sobre todo «el trabajo». «Hemos trabajado mucho, hemos hecho de todo. Para que la Virgen esté como está hoy, ha hecho falta mucho trabajo». Entre ese trabajo, destaca la puesta en marcha de la venta de lotería o el chiringuito que durante varios años se montó en la Romería.

También hubo un año en el que hubo que recurrir a un chiringuito en la Feria, aquella decisión se tomó para poder comprar un trono nuevo que sustituyese al antiguo de madera que no ofrecía las mejores condiciones. Este trono llegó en el año 1996. Obra de Cristóbal Martos, es un trono de plata que, gracias a este trabajo en el que insiste Juan, se consiguió pagar dos años antes de lo acordado. «Acordamos varios pagos en cuatro años, pero antes del segundo ya estaba pagado».

A raíz del nuevo trono, que le dio empaque a la procesión, esta fue creciendo, sobre todo en formalidad, como recuerda Juan, que señala el esfuerzo que supone organizar una fila de tanta gente».

Junto a todo este trabajo, Juan destaca la obra solidaria que la sección de la Virgen de las Ánimas ha venido haciendo desde finales de los años 80, como colaborar en Navidad con familias más necesitadas o con las Asociación de Minusválidos de Álora. «Y cuando alguien nos ha pedido ayuda siempre hemos estado ahí».

Esta amalgama de hechos y anécdotas, basado en los testimonios de testigos directos de la historia de Virgen de las Ánimas, han hecho de esta Virgen una de las imágenes más veneradas de Álora. Algo a lo que ayudaron los hechos de 1982, según coinciden todos los testigos. Aunque, Juan Guerrero Durán, Juanito, también apunta al hecho de que el cementerio de Álora estuviera en el Castillo de las Torres, cuando la gente que iba a ver a los difuntos entraba a la capilla a ver a la Virgen.

Antonio Javier Trujillo Sánchez

Revista Nazareno de las Torres, año 2013

Compartir

Nuestras Redes Sociales

Patrocinadores