Efemérides.- Ordenación Sacerdotal de Leandro Carrasco Bootello

30/09/2019

El día 7 de septiembre del año 1996, nuestro hermano Leandro Carrasco Bootello tuvo la Ordenación sacerdotal.

Leandro Carrasco Bootello se despide el 20 de septiembre de Fuengirola con un hasta pronto, pues la distancia de vosotros, -dice-, espero que no impida el vernos con frecuencia. Y hace referencia en esa despedida a la presentación que a su llegada le hizo el Párroco ante la comunidad de creyentes en Fuengirola: «Leandro viene a aprender de nosotros en este año tan decisivo, así que, según lo que vea, le animará o no a seguir por este camino”.

Desde nuestra fe, y por los vínculos de sangre que a él me une, quiero animarle con el título que he compuesto complementando una frase de Juan Pablo II que escribió «para comprometer a los cristianos a dar gozoso testimonio de la Buena Noticia a los que están cerca y a los que están lejos.» Anunciad a Cristo, escribía el Papa, con la palabra y anunciadlo con expulsiones concretas de solidaridad. No os dejéis empequeñecer y empobrecer replegándoos sobre vosotros mismos. Nuestro compromiso necesita siempre de entregas radicales y totales, de impulsos nuevos y audaces.

Por eso no me extraña, que allá por el 83, en las convivencias del Seminario Menor donde junto a otros de mi familia participaba Leandro, ante la llamada del Señor: ¿a quién enviaré?, que resuena en las profundidades de muchas conciencias, él, a sus 11 años, responda con generosidad e ilusión: ¡Aquí me tienes, Señor!

Leandro asume ya adulto el compromiso que adquirieron por él sus padres y padrinos al ser ungido con la fuerza del Espíritu el 18 de julio de 1971 en la Encarnación, de Álora. Y se entrega, ahora sí consciente, a través de su santificación personal, a transmitir la fe convirtiéndose en punto de referencia en cuanto va comprometiendo a los de su entorno, como Paco le pedía a sus feligreses en Fuengirola, con el proyecto de Dios. Si en él hay sed de algo más, es porque OTRO le ha hecho a su imagen y semejanza. Ya no podrá descansar hasta encontrarle. Es urgente que los que han gustado ya de las delicias del Reino le lancen a esta tarea. Porque, ¿cómo van a creer en Dios, sin oír hablar de Él?, dice San Pablo. ¿Y cómo lo van a oír, si no hay quién lo anuncie? ¿Y cómo lo van a anunciar, si no son enviados?

Leandro ha sido escogido y enviado. Es la consecuencia de haber dado su consentimiento a las solicitudes que tan frecuentemente le dirigía al Padre: «Habla Señor, que tu siervo te escucha.» El temor a esta llamada cuando se espera que exija sacrificios fue salvada por la experiencia diaria de Dios. Y con el profeta Jeremías: «Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir,» la respuesta a la invitación no fue otra que la de un valiente: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.

Coincide en el Seminario con Salvador Montes, su primer Rector. De su mano comienza a caminar y a formarse manteniéndose fiel a los valores y a la misión por la cual ha comprometido su vida.

El hecho de ser elegido no le va a dar ninguna ventaja respecto a los demás, pues como cualquiera de nosotros, es una persona con sus virtudes pero también con sus debilidades.

La labor de Salvador influye muy mucho en su formación y le hace ver que el ser escogido y enviado no es algo ya hecho, sino que a diario se hace. Va enseñándole a no creerse seguro ni autosuficiente y a confiar en cada momento en la fuerza del espíritu.

Al acoger con alegría la llamada a cooperar en la misión de salvación, -dice el Papa-, todo cristiano sabe que puede contar con la presencia de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Esta certeza da vigor a su servicio evangélico y le impulsa a ser audaz y a tener plena esperanza, a pesar de las dificultades, los peligros, las indiferencias y los fracasos.

Decía su hermano Paco Lucas, el 13 de septiembre del 96, en su primera misa en Alora: «Gracias a Dios en primer lugar por ellos sus padres, por esas manos que, sin darnos cuenta, nos han guiado sabiamente por los caminos de la Fe, nos han dado una formación humana y cristiana, que como todas, tendrá sus faltas y limitaciones, pero que a nosotros nos ha servido y nos sirve de inagotable manantial de riquezas.» Y seguía dando gracias a su familia, sus amigos, sus hermanos archicofrades, a su Jesús de las Torres…. y yo me acordaba del día que beatificaba Juan Pablo II al fundador de los Misioneros Javerianos, que se preguntaba: «Cuál fue la fuente que daba vigor al incansable celo de Guido M. Conforti y a su total dedicación a la misión Ad gentes. Fue Cristo, que es fuente inagotable de amor para quien ha hecho don de sí mismo a los hermanos.

Y me hice establecer un paralelismo entre el Crucificado de Parma y el Nazareno de las Torres. Cada vez que Conforti mostraba a su Cristo, decía: «Desde joven he aprendido de este Cristo a confiar y a abrir mi corazón a Dios, y El me ha concedido poder experimentar su gracia y su amor, ha sido El quien me ha dado la fuerza de consagrarme total mente a su servicio.»

Yo sé que Leandro, ya en el Seminario Menor como monitor y formándose últimamente en las distintas parroquias de San Juan de Dios y la Divina Pastora en Málaga, en Archidona o Fuengirola, además de su Virgen de Flores ha tenido como valedor al Jesús el de las Torres. Nazareno y Cruz.

«Desde joven he aprendido del crucifijo a confiar y a abrir mi corazón a Dios,» decía Conforti. Y enseñaba a sus misioneros: en la Cruz aprendemos que, en la historia de la humanidad, la palabra definitiva no es el pecado, ni la maldad, sino el amor. Esta es, y no otra, la verdadera razón de la esperanza cristiana. Esta es la verdadera Buena Noticia que da sentido y profundidad a nuestra vida y a nuestra historia, más allá de todos nuestros fracasos.

Y el Cristo de las Torres fue el que atrajo a Leandro hacia el seguimiento del Padre iniciando su camino y un estilo de vida personal coherente con su mensaje.

El 17 de marzo de 1996 es ordenado diácono con otros seis compañeros por Antonio Dorado, Obispo de la diócesis, en nuestra Catedral. Leandro puede decir con el profeta Osea: me ha dado un vuelco el corazón, se me estremecen las entrañas. Y las personas de nuestro entorno me comentan: ya tenemos otro de nuestra familia de sacerdote. No, no tenemos un cura más en la familia. Más bien, que la familia entrega a uno de sus miembros, se desprende de uno de la familia para que sirva a los demás. No sirve a la familia. Se sirvió de ella para formarse y sale del núcleo familiar en busca y al encuentro de una familia más numerosa. A partir de ahora, bajo el sentido de la universalidad, debe considerar al mundo como una familia, en la que todos sus miembros deben tener las mismas condiciones de vida. Y en esa familia nueva encontrará que unos pocos tienen muchas posibilidades y otros, los muchos, los que forman mayoría, con poquísimas. Ahora, y luego tras su ordenación de presbítero, se esforzará participando activamente por los que menos tengan, no porque deba excluir a los que tienen mucho sino para llegar a estos desde los más necesitados.

El día 7 de septiembre, víspera de la fiesta de la Virgen de Flores, es ordenado sacerdote en la Catedral de Málaga. El 13 preside su primera Eucaristía en su parroquia, la Encarnación, de Alora. Hace su presentación un miembro de la comunidad parroquial, Antonio Vergara, que por encima de su formación intelectual, más que poeta, es un hombre de fe. Dentro de la Eucaristía, en la homilía, habla su superior, Manuel Ángel Santiago Gutiérrez, quien se dirige a él, a cuantos sacerdotes han venido a concelebrar con él, a sus padres, hermanos seminaristas y el muy querido pueblo de Álora que en este día está en comunión con él como Pueblo de Dios. Es maravilloso el amor, respeto y colaboración de esta Iglesia local antes, en y tras la ceremonia. Fue magnífico comprobar el apoyo de todos los ámbitos de la sociedad que con su presencia se convierte en signo de esperanza

El contenido del texto que expuso Miguel Ángel es toda una lección para que Leandro lo lea y medite frecuentemente, para que siga teniendo conciencia diaria de su decisión a fin de poder anunciar, realizar y ser testigo de la esperanza cristiana.

Y por último, le pediría, como parte integrante de su familia, que nunca le impida tomar una decisión ante el miedo a arriesgar. Que sea crítico en nuestra sociedad contra las hipocresías de las castas religiosas, sociales y profesionales.

Que antes del cansancio y la debilidad te abandones en el Padre y recurras a nuestra Virgen de Flores. María acogió al Espíritu y confió en El. Descubre diariamente la bondad de Dios, y cuando llegue una «Noche oscura», recuerdes el comentario del sanjuanista Miguel de Molinos cuando comentando el verso I, de la primera estrofa, dice que la parte sensitiva se purifica en la sequedad, y las potencias en el vacío de sus aprensiones, y el espíritu en tiniebla oscura.

En fin, sencillamente, que seas santo, entendiendo la santidad como la forma de vivir diariamente la gracia consciente, creciente y difundida.

Felipe García Sánchez

Revista Nazareno de las Torres, año 1997

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