Efemérides.- Visita del Exmo. y Rvmo. Señor Cardenal Carlos Amigo Vallejo

29/10/2019

Con “una puntualidad británica”, el cardenal Carlos Amigo se sienta en un sillón marrón de cuero junto a una mesa pequeña en una sala de la segunda planta de la sede de la Conferencia Episcopal en Madrid presidida por una pintura de Benedicto XVI, donde había citado a ‘Nazareno de las Torres’. Es la primera tarde de febrero y en la calle el día es gris y algo frío, menos que días atrás en la capital de España.

“Lo nuestro como cristianos es dar testimonio en obras y en palabras”. Es el primer mensaje que manda a los cofrades el Arzobispo Emérito de Sevilla, para quien lo que se debe transmitir durante la Cuaresma es que “Cristo ha llegado como el Salvador, ha entregado su vida y nos da la esperanza de la Resurrección”.
Pero ante todo, la principal tarea de los cofrades es hacer “una llamada a la conversión”, y para esa llamada hay que aprovechar el “aldabonazo en la puerta del corazón” que supone la Semana Santa. Un “aldabonazo” que debe servir para apelar a la “responsabilidad de cada uno de convertirse a Dios, de mirar a Dios”. Para ello, es necesario hacer lo que hacía Cristo: “hablar de Dios, llenar de esperanza”.

Por lo que el cardenal Amigo hace una llamada rotunda a reivindicarse como cofrades:

“Cuando nos digan ¿y vosotros por qué sacáis los pasos a la calle? Pues por dar participación de lo que tenemos a los demás. ¿Y por qué hacéis protestación de fe? Pues para decir que nosotros queremos salir a la calle como lo que somos”.

Y va más allá: “Que no se equivoque nadie. Esto no es un desfile, esto no es un evento, esto no es una fiesta de primavera, esto no son estas ambigüedades que hay”. Ante esto, monseñor Amigo pide dejar a un lado esa “especie de rubor de decir las cosas como son”.

“No, no. Nosotros salimos a la calle porque queremos dar participación a los demás de lo que celebramos en el Altar”.
Pero lanza una advertencia: “si los cofrades miramos a Jesucristo, no podemos dejar de mirar a los que están crucificados por mil motivos”. Por lo que “todos los días tenemos que convertirnos a Dios”. E insiste en que el tiempo de Cuaresma es un tiempo “especial” para esa conversión, “donde el aldabonazo es más fuerte, te abre más los ojos y el corazón”.

Para dicho proceso de conversión al que apela constantemente monseñor Amigo, “tiene un factor muy importante la Imagen”. “Porque la Imagen que tiene esplendor y brillo, no solamente es que sea bonita, luminosa, que te atrae, sino que te seduce”. “Y cuanto más la miras, la Imagen desaparece y se muestra lo que la Imagen representa. Hay un traslado de lo que se ve con los ojos, lo sensible, al amor de aquello que no se ve. La Imagen tiene un valor muy, muy, muy importante”, insiste.

“La Imagen lo que lleva es el mensaje. ¿Crees tú que en Álora los que miran las Imágenes ven madera? La belleza de la Imagen trasciende, lo cambia todo, lo ves de otra manera”, concluye el cardenal Amigo esta exaltación de los imágenes de Semana Santa.

Como buen conocedor de la vida de las cofradías debido a su larga estancia en Sevilla, monseñor Amigo sabe de la idiosincrasia de los cofrades y de cómo participan estos en la vida de las  hermandades. Y en este aspecto tiene clara una premisa: “A la hora de juzgar al perteneciente a una cofradía tenemos que ser muy cautos, muy cautos, muy cautos”.

Y para ejemplificarlo recurre a dos tipos de relaciones con la hermandad: la del cofrade activo, que participa, o “este cofrade, del Nazareno por ejemplo, que por la mañana, cuando sale de casa saca del bolsillo la estampa con la Imagen del Nazareno (se mete la mano en el bolsillo de su chaqueta y saca una estampa de la Virgen), la besa, y le dice Nazareno ayúdame en este día”.

“¿Quién está más cerca del Nazareno?”, se cuestiona dejando la pregunta en el aire para recogerla más adelante: “A veces decimos sí, sí, aquí mucho aparecer y después… ¿Quién somos nosotros para juzgar a cada uno?

Este que te digo yo que no aparece nunca en la Hermandad, nunca, ni siquiera el Jueves o el Viernes Santo, ni siquiera en La Despedía,
pero que sin embargo junto al corazón lleva la estampa y vive su fe, su Cofradía de esta manera. ¿Quién es uno para juzgar?”.

Pero a juicio de este cofrade de la Hermandad del Ecce Homo de Medina de Rioseco, su pueblo natal en Valladolid, sí hay algo que diferencia a los cofrades de los demás cristianos, “el compromiso con la Hermandad, con la Cofradía, y la Cofradía, por encima de todo, le decimos de Culto y Caridad”.

“Lo primero -dice el cardenal del cofrade-, es un hombre que públicamente da testimonio de su fe”. “La Hermandad es una escuela de fe, y una escuela donde la lección continua es ser el mandamiento nuevo”.

Y para dar ese testimonio de fe, el cardenal Amigo defiende la importancia de la religiosidad popular: “Es cómo el pueblo expresa su fe”. Aunque aclara que “esta religiosidad popular no es homologable”, porque “en un pueblo la expresan de esta manera y en otro de otra”.

Para reforzar esta idea, el Arzobispo Emérito de Sevilla trae “los orígenes” de las hermandades, donde “las más antiguas son las de Vera Cruz, que son de origen franciscano (monseñor Amigo pertenece la Orden Franciscana)”. “La representación del Nacimiento, del desenclavo, de muchas de estas procesiones, son porque los franciscanos tenían que hacer que entraran por los ojos al pueblo sencillo”, expone. “Iban a dar una misión, a hablar de Jesucristo, y después dejaban una Cruz, sin Cristo a veces, de lo más sencilla, y era la Vera Cruz. En el sentido de la Cruz auténtica, que tiene la verdad”.

De ahí, su resumen de lo que es una cofradía: “Las cofradías tendrán muchos defectos, pero a la gente sencilla le ayudan a ver a Dios. Así que el mensaje para las cofradías es que todo lo que hagáis sirva para que la gente diga ‘es el Señor’”.

En 2016 la Iglesia celebró el Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco, una celebración a la también se refiere monseñor Amigo en su encuentro con ‘Nazareno de las Torres’. “El objetivo era -apunta- como dice la Escritura, cambiar el corazón de piedra en corazón de carne”, para a continuación exponer en qué consiste dicha virtud. “La Misericordia es asumir las heridas de los demás como si fueran propias”. “Esta es la gran acción de la misericordia, asumir el dolor del otro”, reitera. “El misericordioso limpio de corazón es el que ve a Dios y el paño que limpia el corazón es la misericordia”.

Este Año de la Misericordia es, para el cardenal Amigo, uno más de los gestos del Papa Francisco con los más pobres desde que comenzara su Pontificado, porque, puntualiza, “la Iglesia nunca ha abandonado a los pobres. Nunca”. De esos gestos, monseñor Amigo se queda con la vista del Santo Padre a Lampedusa:

“Llevaba su discurso hecho y al ver todo aquello deja los papeles y dice “señores, esto es una vergüenza”. Discurso más eficaz no lo ha hecho en todo su Pontificado”.

Y antes de acabar, el cardenal Amigo recoge de nuevo la conversión a Dios, para la que da dos claves más: “Hay muchos gestos que convierten el corazón. Y dice San Pablo que el amor y la caridad tapan muchos pecados y convierten el corazón”.

Antonio Javier Trujillo Sánchez
Madrid, 1 de Febrero de 2017

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