Efemérides.- 150º Aniversario de la primera procesión de Semana Santa en Álora

17/06/2020

En el año de 1992, celebramos el 150 aniversario de la primera procesión de la Semana Santa, puesto que fue en 1842 cuando la Escuela de Cristo procesionó al Señor atado a la Columna.

Hasta la segunda mitad del siglo decimonónico se celebra la Semana Mayor, no sólo dentro del templo, sino exteriormente, con una especie de autos sacramentales, que consistían en escenas vivas de la Pasión del Señor, interpretadas con el mayor entusiasmo y con la mayor devoción por los vecinos del pueblo. Se procuraba que la Virgen María fuese la más guapa, de la entonces villa; la Magdalena una rubia de larga cabellera y las Santas Mujeres que fuesen guapas también, asimismo para hacer de Jesús se escogía un buen mozo y para interpretar a Pilato y Judas, Barrabás y demás personajes siniestros de la Pasión, cuanto más feos fueran, tanto mejor. ¡Pero, eso sí!, todos tenían que tener buena y timbrada voz para declamar. En la actualidad hay pueblos que siguen representando la Pasión del Señor durante la Semana Santa interpretada fervorosamente por sus habitantes.

En Alora, quizá esta costumbre, al igual que las Posaditas de Navidad, fue introducida por los Franciscanos de Flores. Lamentablemente se han perdido los versos de aquellos autos. José Navarro Palomo, el popular y entrañable «Perdío», se llevó a la tumba muchas saetas y versos de aquellos Autos Sacramentales, que ¡quién sabe!, a lo mejor constituían una obra literaria de calidad.

Debido a la idiosincrasia festiva de nuestras gentes, fue degenerando paulatinamente la escenificación de la Pasión, improvisando espontánea y humorísticamente las estrofas, que invadían jocosamente la seriedad de la obra. Me contó mi tía Adriana Morales -la que tan gentilmente donó a nuestra Hermandad el Santo Lignum Crucis-, que en la escena del sacrificio de Abraham bajaban desde el balcón del coro de la Parroquia un niño vestido de Ángel, el cual detenía el brazo armado del venerado patriarca, pues bien, un año de extremado frio, el niño en la bajada cogió una pulmonía de órdago, falleciendo días después. También me contó, que un año Abraham fue interpretado por un tal Lucas Márquez y su hijo Isaac por un personaje llamado Vírico (Salvadorico ¡digo yo!) vástago de un confitero de la localidad, al levantar Abraham el cuchillo para sacrificar a Isaac, se escuchó una voz:

¡Detente, Lucas Márquez y no mates a Vírico que su padre es confitero y te dará confitico, arropías y caramelos!

Otra escena que se prestaba siempre al humor más negro, era cuando el pueblo judío en el juicio de Pilato, preferían el indulto de Barrabás a la libertad del Salvador Barrabás salía de la cárcel con la cara tiznada y los pelos revueltos en cuyas puertas se escenificaba el referido juicio, daba saltos de alegría y profería gritos y risotadas, pero tenía el pobre hombre que salir estampida calle Ancha arriba, puesto que la chiquillería estaba preparada con limones y hasta con piedras y lo perseguían con la más enconada saña cuesta arriba, lanzándole sin piedad una lluvia de proyectiles. Convertían la sagrada escena en bufonada carnavalesca. Debido a lo anteriormente expuesto y a la admirada costumbre en las capitales y en los grandes pueblos de Andalucía y España, de procesionar en la Semana Santa las maravillosas imágenes de Mena, Montañez, Mora, Mesa, Roldán, etc., en tronos cada vez más artísticos, es por lo que la Escuela de Cristo decidió sacar la primera procesión de Pasión en la Semana Mayor de 1842.

La Escuela de Cristo, tristemente desaparecida, como tantas otras-la del Rosario, la de las Animas, etc.- que cumplían fielmente con muchas obligaciones cristianas y eran por sus virtudes, un adorno espiritual para nuestra ciudad. La Escuela de Cristo poseía un hermoso local dentro del recinto de la Parroquia, hoy día a este salón se le conoce por el mismo nombre, en donde la referida Hermandad tenía un altar con un Crucificado en el que se celebraba al toque de vísperas, bajo la dirección de uno de los sacerdotes de la Parroquia, al que llamaban Obediencia, los ejercicios ordinarios del domingo. Sus cofrades acompañaban al Santísimo en el Santo Viático y el Domingo de Pasión recorría las calles procesionalmente, cantando la Doctrina Cristiana. Al parecer era reminiscencia de aquellas hermandades de los siglos XVI y XVII que recorrían las ciudades españolas, en tiempo de cuaresma, con la cabeza cubierta de ceniza y un hachón encendido en las manos y a veces con una calavera en la otra, exhortando a los vecinos a la penitencia. Tenía correspondencia con las Hermandades del mismo nombre de Valladolid y Vélez-Rubio. En 1842 sacó en procesión a Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, ante el entusiasmo de los perotes, gusto tanto que volvió a procesionarlo en 1843 y 1844. Fue seguramente en un trono de cuatro portadores con horquillas de contera de hierro, las cuales arrancaron chispas en los cascajos de las calles y la sagrada Imagen arrancó chispas en el corazón de los fieles, siendo un revulsivo para que las cofradías de culto de Jesús y de Dolores se convirtieran también en cofradías de nazarenos y procesión Ya porque la Escuela de Cristo no fue Hermandad de Nazareno, ya porque se fue extinguiendo poco a poco, igual que la Pasión escenificada, la cosa es que quedo, digamos obsoleta, feneciendo definitivamente a último del pasado siglo. Más le quedó la gloria de ser la primera que sacó en procesión una imagen en la Semana Santa de Alora. Al Señor de la Columna lo sacó luego la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Torres, concretamente desde 1860. Salía el Miércoles Santo y en la «Despedía» con San Juan, ambos de «testigos».

He contado en mi libro «Historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Torres» y en un número de esta revista, el origen de la imagen de Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, pero no obstante daré unas breves notas, pues creo merece la pena.

El farmacéutico aloreño don José Hidalgo de Aracena y Martin, perteneciente a una de las familias de cristianos viejos que repoblaron nuestra ciudad después de la reconquista y entraron en los repartimientos de los Reyes Católicos, se estableció en la hoy ciudad colombiana de Popayán, entonces perteneciente a España, corría el siglo XVIII y se sentaba en el trono español el inclito Carlos III. Cierto día se presentó ante él un hombre que le pidió ayuda para explotar una mina de plata que había descubierto, el aloreño se la compró y acertó plenamente, puesto que dicha mina tenia riquísimos filones, casi inagotables, que fueron trabajados por más de cien obreros, hasta el botamen de la botica era de este preciado metal. Se convirtió en rico hacendado que no olvidó ni a su familia ni a su pueblo -como tantos otros- sino que no cesó de enviar doblones y obras de arte, con el dinero adquirió fincas y mayorazgos para sus hermanos y sobrinos -él era soltero- y entre las obras de arte un precioso Niño Jesús, un ladrillo de plata primorosamente labrado y sobre todo un Señor atado a la Columna, de bella factura, de la cual se desconoce su autor, que fue, como se ha escrito, el decano de la Semana Santa de Alora.

Nuestro ilustre paisano don José costeó el retablo y doto al Cristo de un olivar para que sus camareras por devoción y no por obligación, alumbraran con aceite la imagen del Cristo. Las primeras camareras fueron sus sobrinas Juana e Isabel Hidalgo de Aracena Chamizo, ayudadas por su hermano Cristóbal (sacerdote), seguidamente pasó al matrimonio formado por don Fernando Romero Hidalgo de Aracena y Mariana Hidalgo de Aracena Díaz, ambos sobrinos de los anteriores, luego a la hija del anterior matrimonio Antonia M. Romero Hidalgo de Aracena (abuela de quien esto escribe); a su muerte, 1924, se encargaron sus hijas Antonia M. y Natividad Mariana. Después de nuestra guerra civil, por sugerencia del entonces arcipreste don Antonio Morillas Rivero, hijo de Alora, se colocó la lamparita de aceite ante la lápida que conmemora el martirio y muerte de los sacerdotes de la Parroquia muertos en 1936.

Doña Mariana Hidalgo de Aracena fue la primera camarera que arregló al Señor de la Columna para la procesión de 1842, por tanto fue la primera camarera de la Semana Santa de nuestra Ciudad, quizá vivieran sus tías Juana e Isabel.

En Semana Santa de 1934, como fatal preludio de la guerra civil, un horroroso accidente destruyó la centenaria y venerada imagen, pues resbaló un portador del trono haciendo vacilar a sus compañeros, cayendo el Señor al suelo, ante el altar de San Antonio, quedando la escultura como se ve en la fotografía El Cristo de la Columna fue sentido por sus camareras Antonia y Mariana Bootello Romero, como si fuese una persona de la familia, lo velaron, cerrando una temporada puertas y ventanas de la calle en señal de luto, todo como se usaba en aquella época. Así, de modo tan triste terminó la historia de aquella imagen que fue la primera procesionada en la Semana Santa de nuestra ciudad. La actual imagen la esculpió el granadino Prados López, en los años cuarenta, a expensas de doña Antonia Castillo Casermeiro.

Regino Antonio Bootello Miralles

Revista Nazareno de las Torres, año 1994

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