Efemérides.- 60º aniversario de la actual imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres

30/08/2020

Corría el año 1944, era verano, una tarde del mes de julio, se reunieron en un salón del Círculo Cultural, que en aquel tiempo se ubicaba en un edificio sito en la Fuentearriba, esquina calle Rosales, el Hermano Mayor de la Cofradía de Jesús, el inolvidable Francisco García Morales, con varios hermanos más de la Cofradía. Entre los asistentes se encontraba su hermano, Antonio García Morales, Salvador Morales García, José Segura Cordero y algún que otro cofrade que lamento no
recordar sus nombres, ¡ah!, y un joven de unos doce años de edad.

El motivo de dicha reunión consistía en exponer a un señor, de porte solemne, con barba, de unos sesenta años, con una presencia y talante impresionantes, que sorprendía mucho el verlo; se trataba nada más y nada menos que de Don José Navas Parejo Pérez, el notable escultor nacido en Álora, y que era el artista que habían escogido los hermanos de Jesús para que realizara, mejor dicho, que recreara la imagen de nuestro Creador.

El Hermano Mayor llevaba consigo varias fotografías y algunos documentos de la sagrada imagen de Jesús de las Torres, que había sido aniquilada vilmente durante los incívicos sucesos de nuestra Guerra Civil. Cada hermano asistente opinaba sobre la idea que tenían para realizar la nueva imagen de Jesús: le indicaban como era la expresión que mostraba la imagen desaparecida, el color de sus ojos, la forma de su melena, la postura afligida de su cuerpo, la conformación de sus manos sosteniendo la cruz, etc. El escultor prestaba mucha atención todas las sugerencias que recibía de los asistentes y las iba anotando seguidamente.

En esta reunión se hablaba distendidamente de las vicisitudes de la Hermandad, de la precariedad económica de la misma, ya que en aquellos años se estaba reorganizando la Cofradía sin apenas medios económicos, y solo contaban con un enorme entusiasmo y una fe inquebrantable hacia el Nazareno de las Torres. El niño que asistió a la reunión estaba perplejo, observando el desmedido amor con que le hablaban de Jesús a este insigne escultor perote. Al cabo de un par de horas, más o menos, se terminaba la reunión, quedando emplazados para futuros contactos y así concertar todos los detalles que suponía ejecutar una obra tan importante, pues se trataba ni más ni menos, que tallar
una imagen a semejanza de Dios, en este caso con la advocación de Nuestro Padre Jesus Nazareno de las Torres.

Pues bien, aquel chiquillo que estaba absorto, contemplando a todos y cada uno de los reunidos, era yo. De los hermanos actuales de nuestra Archicofradía quedarán pocos que cuenten tantos años. Yo tuve la gran suerte de asistir a una reunión tan importante como la que relato. Tuve suerte, repito, porque estando en el Colegio Salesiano de Málaga, durante ocho veranos consecutivos, disfrutaba de las vacaciones en casa de mi tío Paco; he dicho tío, pero me quedo corto, porque lo que fue verdaderamente y como tal ejercía, era de mi padre. Yo lo pasaba tan bien en el pueblo que durante los cursos que pasé con los salesianos estaba deseando que llegaran las vacaciones para volver de nuevo al «Lugá», pues aquí en mi pueblo, con mi familia, encontraba todo el cariño que un niño deseaba tener. Mi tío Paco era tan de Jesús que siempre tenía presente su Hermandad. Fue Hermano Mayor durante la etapa de 1950-1955, aunque anteriormente en los años cuarenta fue, junto a otros hermanos de Jesús y de Dolores, el creador de la Agrupación de Cofradías de Álora, desarrollando una intensa labor desde 1937 a 1950. En estos años de posguerra cogió el testigo de la ardua tarea que se le presentaba del anterior Hermano Mayor, Diego García Morales, mi padre, y luchó toda su vida por el bien de la Cofradía.

Yo conservo un escrito que narra, entre otras cosas, el párrafo siguiente:

Era el año 1931, mes de abril, se proclamó la II República Española. En aquellos días murió un vecino de Álora y era el primer entierro sin sacerdote; se corrió la voz de que, igual que saqueaban y quemaban Iglesias y conventos, al llegar al Cementerio de las Torres, asaltarían la capilla, donde permanecía Nuestro Padre Jesús. Se celebró el entierro, sin cura, como decían, y al pisar la comitiva fúnebre el primer escalón del cementerio se encontró al Hermano Mayor Diego García Morales y a su hermano menor, Paco, en la puerta de la capilla custodiando a Jesús. Esta presencia de dos hermanos de la cofradía, jugándose la vida, impidió que se cometiera una barbarie…».

Revista Nazareno de las Torres, año 2005

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