Efemérides.- Despedida de nuestro Párroco, don Francisco Javier Sánchez Núñez

17/09/2019

En la tarde del diecisiete de septiembre del año 2017,  a la 20:00 horas nuestra comunidad parroquial despidió a don Francisco Javier Sánchez Núñez, nuestro sacerdote durante los últimos diecinueve años.

La Archicofradía quiere expresar públicamente su agradecimiento ante tanto bueno recibido, por ello el 4 de septiembre en la I Fiesta “Enamorados de Tí, Flores” tuvimos a bien de rendirle nuestro pequeño homenaje de despedida.

Paco, como todos le conocemos, nació en Mora de Toledo hace cincuenta y ocho años. Hijo de Francisco y Ángeles. Después de los estudios de bachillerato, en 1975 comienza la carrera de Químicas en Toledo. Y en vísperas de comenzar el tercer curso, siente que el Señor le llama a buscar su camino dando un giro a su vida. Se acerca a la comunidad franciscana del mismo Toledo y entra en el postulantado en 1978. Vive el año de Noviciado en Arenas de San Pedro, y estudia la Teología en Murcia, siendo ordenado sacerdote en la parroquia franciscana de Alcorcón, Madrid, en 1986. Desempeña labores pastorales en esa misma parroquia, Ávila capital y pueblos de la sierra de Gredos.

En 1997 se ofrece para colaborar con el presbiterio de la Diócesis de Málaga y el Obispo don Antonio Dorado Soto lo envía a Álora, donde viene realizando la labores pastorales, sucesivamente, como vicario parroquial, párroco (agosto de 2011) y también arcipreste de Álora.

Como recuerdo su última homilía el día de la Virgen de Flores donde se mostraba como un Perote más.

 

***

Queridos todos:

los aquí presentes, los que a través de la radio nos acompañáis…

Hermanos sacerdotes, Isidro, nuestro vicario parroquial, Antonio Jesús, …

Hermanos Mayores de Hermandades, tanto de nuestra Parroquia como de otros lugares.

Queridas autoridades, servidores de los ciudadanos en los distintos órdenes de la vida pública…

Queridos todos: recibid un cordial saludo de Paz y Bien…

Hoy celebramos la Natividad de la Virgen. Con nuestras flores cánticos y plegarias, presentamos nuestra gratitud al Señor por habernos hecho el regalo de ser también hijos de tan buena Madre.

La Virgen de Flores, a buen seguro que desde la eternidad nos contempla con mirada misericordiosa, tierna y llena de vida.

Hoy se celebra el Nacimiento de aquella Niña en quien Dios preparaba su Encarnación. Qué bellas palabras aquellas con las que cantamos a María en tiempo de Adviento, que dicen así:

“Los cielos y la tierra, en ti se encontrarán:
María dulce abrazo, que el hombre y Dios se dan”…

En aquella criatura encantadora se daba cita un misterio inmenso, inefable. ¿quién puede comprenderlo del todo? En ella culmina la historia de Salvación concebida por Dios para atraer al género humano a la vida en plenitud, en unión con él.

A lo largo del año festejamos con la Virgen diversos momentos de su vida: La Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre; su Asunción a los cielos, 15 de agosto; y la entrañable fiesta de hoy, la Natividad de María. Es verdad que Jesucristo es el Centro de nuestra fe; pero como se nos decía estos días de novena, también es cierto que sin María no hay Jesús,. Ella es

“la Aurora que anuncia el nacimiento del Sol de justicia, Cristo el Señor”.

¡Quién le iba a decir a aquella joven, nacida en un rincón del mundo, en un hogar fundado por aquel matrimonio humilde, Joaquín y Ana, que Dios la llamaba a ser tan recordada, querida y venerada por millones de personas de todos los siglos. En ella comienza por hacerse realidad la paradoja que Jesús expresaba de esta manera:

“el que quiera ser grande se haga el más pequeño…

Sabemos bien, aunque nos cuesta horrores vivirlo, que la humildad manifiesta lo que es verdaderamente grande. O visto de otro modo: que el que aspira a grandezas revela su miedo a la pequeñez, su insignificancia. Y por el contrario, paradójicamente la humildad es la virtud que más nos acerca a lo más grande, que es Dios.

“el que se ensalza será humillado,
el que se humilla será enaltecido”

Son las cosas de ese Reino tan diferente que anunciaba Jesús, el Reino de Dios… qué bien vivió la Virgen estas cosas desde su mismo nacimiento… Qué maestra más especial que tuvo Jesús.

No debemos olvidar nunca que el objetivo de la vida cristiana es acercarse a Cristo: conocerle, amarle y seguirle…

Hace 20 siglos que esta gran corriente espiritual que llamamos cristianismo, viene convocando a personas de toda raza, lengua pueblo y nación a vivir el Evangelio, este Mensaje que es Buena Noticia para todos los que escuchan con el corazón.

Cada generación necesita volver a andar el camino del Evangelio. Y también cada persona necesita hacer su propia búsqueda, su propio recorrido. Necesitamos refrescar nuestras raíces cristianas, el manantial donde hemos aprendido tantos valores que no hemos de olvidar.

A Dios gracias somos un pueblo creyente, que vive con naturalidad muchísimos valores que salen del Evangelio. Una muestra de ello es que seguramente en cualquier lugar al que vayamos, hay un perote. Y en casa de ese perote hay una imagen de la Virgen de Flores. Y quienes conocen a esos perotes que viven por otros lugares (vivís, que algunos estáis hoy por aquí) cuando al presentarte saben que eres de Álora”, el comentario siempre es parecido a este:

“Ah, de Álora. ¡Qué buena gente los perotes!”…

Estoy seguro de que mucho tiene que ver con esa bondad de los hijos de Álora, el cariño a la Virgen de Flores.

Quizá la Virgen de Flores es el símbolo más claro para mostrar que uno es perote: y los símbolos son importantísimos para una comunidad humana. Nuestra presencia aquí esta tarde indica que entre las cosas importantes, ocupa un lugar especialisimo la fe cristiana y el amor a la Madre del Señor; la confianza en ese Dios que nos ama y nos llama, que nos enseña a ser buenas personas, a tenernos en cuenta, a apoyarnos, a compartir lo que somos y tenemos…

Ser discípulo de aquel carpintero de Nazaret, el Maestro Jesús, implica seguir aprendiendo durante toda nuestra vida: hablando con él cada día en la plegaria silenciosa; sintiendo su Amor y su compañía continua. Pase lo que pase, nos pase lo que nos pase, nos sentimos a salvo, porque “todo lo podemos en aquel que nos conforta”; “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” nos acaba de recordar San Pablo en la Palabra.

Los bautizados estamos llamados a prolongar la Encarnación que tuvo lugar en el seno de María. Y con la ayuda de nuestra Madre, la persona de fe se va convirtiendo en otro “cristo”. Esa es nuestra misión en el mundo: mostrar de nuevo a Cristo en nuestro obrar.

Y pidiendo permiso a esta gran asamblea para añadir unas breves palabras de recuerdo y gratitud, permitidme un añadido en este espacio de la Misa.

Pronto se cumplirán 19 años, desde que en otoño de 1997, un servidor se puso a disposición del entonces obispo de Málaga, D. Antonio Dorado, para que pudiese contar con un cura más en la pastoral de nuestra Diócesis de Málaga.

Al cumplir los 19 años un servidor se había determinado a vivir la vida fraterna en la Orden de San Francisco. Y tras 19 años de vida franciscana, se me brindaba la posibilidad de echar una mano en esta parcela de la viña del Señor que camina en el sur de España.

(Se ve que el “19” es un número que sugiere algo en la vida de quien cuenta esto).

Mis pies no habían pisado nunca en la provincia de Málaga. D. Antonio me envió a un pueblo de nombre Álora, cargado de historia y que desde el primer momento me agradó.
Me pareció bonito, pintoresco, amable…

Y comencé a conocer personas. Y con mucho respeto fui aprendiendo a entenderles: primero el deje, luego los pensamientos, las expresiones, el modo de ver la vida…

Fui percibiendo un aplomo grande en sus habitantes:

Un alma colectiva con su forma muy particular de ser,… gente que no hacía dramas por cosas insignificantes. Personas normales y buenas.

Y comencé a sentirme muy muy afortunado. Y cada año que pasaba, más. Y día tras día han transcurrido 19 años desde entonces. He aprendido muchos nombres. (Todos es imposible).

Seguramente a casi todos los perotes los podría reconocer en una multitud y decir: “ese es de Álora”…

Durante este tiempo compartido, un servidor no ha hecho otra cosa que intentar realizar la labor que se le encomendó. Lo mejor que he sabido.

Soy consciente de haber metido la pata, de haber ofendido y hecho padecer contrariedad a bastantes personas en diversos momentos. Por todo esto pido humildemente perdón a los afectados y a todos por el mal ejemplo.

Doy inmensas gracias a Dios por el tiempo que me ha regalado entre vosotros, aprendiendo y creciendo como persona.

Y hace unas semanas, el Sr. Obispo (que es quien mejor conoce la situación y necesidades de nuestra familia Diocesana) me comunicaba que es tiempo de dejar paso en Álora a otro hermano sacerdote, para que traiga a esta Comunidad la riqueza personal que Dios le ha dado para compartir.

Nuestro nuevo cura, Juan de Jesús, dentro de un par de semanas estará con nosotros.

Viene de servir a comunidades muy pobres en la región del Orinoco, en Venezuela, en la misión que nuestra Diócesis tiene allí. Hay que ser valiente y buena persona para ser misionero, y él viene de serlo. Seguro que su presencia supondrá en nuestro pueblo una riqueza enorme y un despertar en muchos aspectos de la vida.

Y un servidor tratará de seguir trabajando en otro rincón de la misma viña del Señor, allá en la costa, enriquecido con todo cuanto me ha regalado el Señor y me ha aportado en esta querida comunidad y este querido pueblo de Álora.

Los sacerdotes fuimos ordenados ministros y servidores para ponernos a disposición de la gran familia cristiana allá donde se viese oportuno. Aquí o allá el Señor va al frente de los suyos caminando por las sendas de la vida, y el cura camina un tiempo con unos y después con otros, pero es el Señor quien camina con todos y siempre.

En todo caso, como perote que soy y me siento, paso a ser uno de los miles de perotes que viven por ahí, en otros lugares del mundo, y que de cuando en cuando regresará en busca de esa savia nutritiva en las raíces que aquí quedan.

Gracias de corazón a todos, por ser como sois, y por el afecto sincero que he recibido de parte de tantos y tantos de ustedes.

Pero volviendo a lo importante, a lo que hoy celebramos el cumpleaños de nuestra madre, la Virgen de Flores … desearía que hoy nuestra ofrenda fuera “hacer que la Madre se sienta orgullosa de sus hijos”. Quizá para una madre el poder sentirse orgullosa de sus hijos, sea el mejor regalos…

Querida madre de Flores: sigue mirando con ternura y amor a todos tus hijos de Álora, a los presentes y a los ausentes, a los de cerca y a los de lejos.

NO dejes nunca de protegernos, de guiarnos ni de interceder por todos ante tu Hijo. Te necesitamos.

Porque nuestra vida es frágil, nuestra fe titubeante, nuestras fuerzas escasas, nuestra pequeñez grande, y con frecuencia nuestra humildad poca…

Te necesitamos para no olvidar que si somos hijos tuyos es que somos hermanos, y como tales hemos de mirar unos por otros, tratarnos como nos gusta que nos traten, respetarnos y ayudarnos como hermanos que se llevan bien, como hermanos que se quieren de verdad.

Virgen de Flores, ruega continuamente al Señor por nosotros, pequeños y mayores, ancianos y enfermos. Ayúdanos a crecer cada día en la fe que nos conforta. En la confianza que hizo de ti la sierva del Señor, en cuyo seno se encarnó la Palabra.

Que sepamos, nosotros, tus hijos, encarnar también la Palabra en nuestra vida.

Madre bendita, querida Virgen de Flores, ruega a Cristo por nosotros.

Amén.

 

Francisco Sánchez Núñez

Párroco de Álora

Revista Nazareno de las Torres, año 2017

 

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