Efemérides.- Donación del busto del trono de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres

30/06/2020

Nuestra protagonista en esta historia es Juana Fernández Gómez, más conocida entre nosotros como Juana «La Boja». Su donación a nuestra Hermandad nos ha conducido a este encuentro con ella en el que nos relató de manera reconfortante su secreto guardado durante tantos años. Más de medio siglo ha tenido junto a su cama la talla frontal del trono de Nuestro Padre destruido en la Guerra Civil.

Con una memoria envidiable, aunque con algunas imprecisiones propias de la edad, nos narró su encuentro con esta peculiar estatuilla del Señor.

– Juana, ¿cómo sucedió aquel hallazgo?

– Fue un día como muchos otros, en el que iba a comprar la leche a la calle Bermejo; en el Panteón que había en esta calle vi trozos de haberse roto algo, pero sólo me fijé de paso sin prestarle más atención. Y a la vuelta me di cuenta de que había algo, como una pieza de madera representando la figura del Señor, más bien era un busto. Cuando lo vi no me lo pensé dos veces, lo cogí y me lo metí debajo del vestido clavándome las espinas de la corona en el vientre.

– ¿Que le hizo tomar esa decisión cuando antes ni siquiera reparó en ello?

-Eso no te lo puedo explicar hija mía. Yo sólo sé que cuando vi aquella carita del Señor entre aquellos trozos rotos, mi impulso fue el cogerlo sin pensarlo.

– Aproximadamente sobre qué fecha fue?

-El año exacto no te lo puedo decir, más de sesenta años hace, era tiempo en el que se destruyeron imágenes y tronos.

– Y cuando la cogió ¿qué?

– Como os dije antes, me la escondí debajo del vestido, porque dadas las circunstancias tenía mucho miedo de que alguien me hubiese visto o de que con ello pudiese acarrearme algún follón, teniendo en cuenta que no sabía la razón por la que aquellos trozos rotos estaban allí, de hecho, mi marido se sorprendió mucho cuando le enseñó la estatuilla y asustado me echó una buena reprimenda.

– ¿Pensaste entonces en deshacerte de ella?

-No, no. A mí no me importó aquello que hice, no os lo puedo explicar, pero sí sé que lo que a mí me empujó a hacerlo fue como un impulso de mucha fe. Y desde entonces nunca me separé de

Ella.

-Entonces, tal y como nos lo ha contado, ¿no se lo dijo a nadie más?

– Sólo un vecino, además de mi marido y yo, lo sabía, el cual me pidió que se lo prestara para hacerle una foto, efectivamente lo llevó a Foto Lerma y le hizo dicha fotografía.

– Tantos trozos de madera rota como había en el Panteón, reparaste en algún detalle más?

– Con el miedo y la incertidumbre de cómo aquellos trozos habían llegado allí intenté entretenerme lo menos posible. Pero al pasar por la fuente de la plaza, vi unos angelitos flotando en el agua. Al verlos me recordó que eran los que acompañaban al trono del Sepulcro. Yo con mi pieza debajo del vestido descarté la posibilidad de acercarme a ellos para cogerlos.

– Descríbenos el Señor tal y como te lo encontraste:

-La figura es pequeñita, de madera pintada y por ello tenía algunos deterioros, pero de una belleza increíble por la sencillez que representa. Además, la carita, lo más parecido a Nuestro Señor de Las Torres.

– ¿Y la decisión de donarla a la Hermandad como ha surgido?

-La pasión por el Señor la traigo de familia, por eso he tenido tanto tiempo a este busto del Señor conmigo. Pero ahora con los años y las discusiones que planteaba entre mis hijos el quedarse con ella en el futuro, pensé que lo mejor era que volviese al mismo lugar del que provenía, al trono de mi Señor de las Torres.

Juana, gracias por la incalculable generosidad con la que nos recibiste. Esta entrevista contigo nos ha enseñado cómo la fe elimina cualquier obstáculo.

Noelia Martínez y Alicia Luque

Revista Nazareno de las Torres, año 1996

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