Efemérides.- Fallecimiento de Francisco Julio Ruiz y Furest

24/05/2019

Don Francisco Julio Ruiz y Furest fue párroco de Álora durante cinco años (1956-1961)

El 24 de mayo de 1992 murió nuestro querido don Francisco Julio Ruiz y Furest.

Ante tan significativa personalidad, se convertía en deber inexcusable el dedicarle amplias páginas de esta revista para destacar su labor sacerdotal que, sin duda alguna, desde su acceso al presbiterado el 27 de junio de 1948, pasaría a ser histórica. Sin embargo, nuestro cometido se ve limitado a menos extensión de la que quisiéramos. Respetando los límites de imprenta y acompasados por la pluma de don Lisardo Guede y Fernández -cronista diocesano-, hagamos breve semblanza sobre el Padre Furest:

Nacido el 31 de diciembre de 1923, en Grazalema, fue hijo legítimo de don José Ruiz y Fernández, funcionario municipal, y de doña María Furest y de Aguilar.

El 16 de mayo de 1924 fue confirmado por don Manuel González y García, coincidiendo el momento con la fundación de la Adoración Nocturna en la villa. Quizás ello explica su estima por la ANE (Adoración Nocturna Española).

Ingresó en el Seminario diocesano de Málaga cuando contaba 15 años de edad. Fue modelo de callada laboriosidad, conducta patente durante toda su carrera. Accedió al presbiterado el 27 de junio de 1948. Sus primeras licencias ministeriales fueron datadas el 11 de julio de 1948.

Su trayectoria sacerdotal se cita como sigue:

15-XII-1948 cura de Cartajima, Igualeja, Parauta y Puerra.

2-XII-1950 cura de Almáchar y El Borge.

29-IX-1953 cura de Arriate, La Cimada y Parchite.

8.V.1956 cura y Arcipreste de ÁLORA y encargado de Carratraca.

25-VIII-1961 primer párroco de San Lázaro de Málaga.

26-IX-1963 notario mayor del Obispado.

21-1-1964 vocal de la Comisión Diocesana de Aranceles.

17.VI-196+ notario Actuario Causa de B. Fr. Manuel Formigo y compañeros mártires en 1936.

10-VIII-1967 notario de la curia diocesana de Justicia.

Esto que ya es mucho, se ve acrecentado por la penuria de los tiempos, precariedad de medios y falta de personal especializado, más el peso de tener que organizarlo todo en la renacida parroquia de San Lázaro, tan crecida en almas como en problemas.

Amén de la vida oficial en sí misma, fueron llenando el escaquero parroquial las fraternidades siguientes:

– Nuestro Padre Jesús Nazareno de los Pasos y Virgen del Rocío.

– Nuestro Padre Jesús del Rescate y María Stma de Gracia.

– Adoración Nocturna.

– Acción Católica .

– Catecismo parroquial y en los colegios.

– Cáritas parroquial – Varios grupos de pastoral.

– Legión de María.

– Consejos parroquiales de Administración y Liturgia.

– Patronato de construcción del nuevo templo parroquial.

– Apostolado de enfermos… y algunos otros que probablemente se queden en el tintero.

Hurdir tanta hebra para que todo suene sin estridencias es cosa de maestros consumados. Y esto ha sido y ha hecho don Francisco.

A todo esto y para cerrar como se merece todo gran capítulo de una historia, en este caso de la Iglesia, recordemos a don Francisco como un hombre con clarividente sentido común prácticos un amigo sincero, comprensivo y sacrificado, un sacerdote acogedor, piadoso, muy amigo de los libros, padre de los sin pan y sin paz. Siempre y en todo muy en su sitio, asiduo visitante de Álora y nunca dejó de asistir a los actos que organizó nuestra institución, rememorando su dirección espiritual de los años 50.

Lástima que, cuando perdemos a alguien así, con él se va la garantía de volver a repetir la experiencia.

Alicia Luque Rivas

Revista Nazareno de las Torres, año 1992

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