Efemérides.- Homenaje a doña Adriana Morales Morales en el acto de la donación del Lignum Crucis a nuestra Hermandad

28/03/2019

Aún resonaban ecos de villancicos navideños, cuando recibíamos la noticia de que Nuestro Padre iba a recibir la generosa donación de un Santo Lignum Crucis con su correspondiente certificación de autenticidad expedida por la Santa Sede: la donante ha sido nuestra querida y entrañable doña Adriana Morales Morales, que ha querido nada menos que regalar parte de su vida al Señor de las Torres.

Para tan importante evento se fijó la fecha del 28 de marzo de 1992, a las siete de la tarde. Se celebró una solemne Eucaristía oficiada por don Antonio Ruiz Pérez -amigo personal de doña Adriana y Archicofrade de Honor de nuestra Institución- al final de la misa le fue impuesta a doña Adriana la Medalla de Oro de la Hermandad en presencia de una multitud de amigos y familiares.

Seguidamente nos trasladamos a los salones de las Columnas, donde tuvo lugar una Cena de Hermandad, que, como siempre discurrió en un verdadero ambiente cofrade. En los postres volvimos a escuchar al Rvdo. Ruiz Pérez, quien con su inigualable oratoria nos explicó el verdadero sentido e importancia que representa tener una astilla de la cruz de Cristo en nuestra Hermandad.

Posteriormente doña Adriana descubría el cuadro con el cartel de la Semana Santa de 1992, bellísimo primer plano de Nuestro Padre, obra del fotógrafo local Felipe Aranda. El discurso-presentación fue leído por el Hermano Mayor en funciones Francisco Carrasco Pérez, que, como Teniente Hermano Mayor de más edad, sustituía a Francisco Pérez García quien el día anterior asistió en las últimas horas a su madre política, doña Mariana Pérez-Lanzac (q.e.p.d.). Igualmente, se hacía mención en este discurso al pasado número de esta revista que fue presentado en el mismo acto, destacándose el progreso y la valía de todos sus redactores.

Acto seguido, hizo uso de la palabra Regino A. Botello Miralles, destacando de su intervención la sincera descripción que hizo de doña Adriana, refiriéndose a ella como “persona humilde, sincera, piadosa y totalmente entregada a los demás».

Para finalizar la velada, se hizo entrega a doña Adriana del título que la distingue como Camarera de Honor, ofreciéndole varios regalos representativos de la Hermandad.

La historia de cómo llegó a manos de doña Adriana la Reliquia que a partir de aquel día 28 posee nuestro titular, nos la relataba la donante días pasados y es como sigue:

«El Canónigo de la Catedral de Granada -y oriundo de Álora- Don Benito Ramón Casermeiro Aurioles, pasaba largas temporadas en nuestro pueblo, en casa de su amigo don Francisco Morales Morales. Las hermanas de este -doña María y doria Matilde- le rogaron repetidas veces que por favor les consiguiese un Lignum Crucis para su devoción. Pasado un tiempo, el Canónigo escribió desde Granada explicándoles que el favor que le habían pedido resultaba imposible, debido a que la posesión de este tipo de reliquias estaba reservada a casas reales y lugares de culto público, siendo sumamente difícil que se concediera a particulares. Sin embargo, lo que sí podría conseguir era una astilla de madero tocada por la Santa Vera Cruz de Cristo, lo cual ellas accedieron con alegría.

Pero transcurridos no muchos meses, volvía de nuevo a escribir don Benito, haciéndoles saber que, tras varias gestiones en la Curia, y por intercesión en la Santa Sede de Fray Paulino, un agustino toledano amigo suyo, cabría la posibilidad de conseguir un auténtico Santo Lignum Crucis.

En el año 1916, siendo doña Adriana aún una niña, cuando sus tías recibían con gran emoción esta reliquia certificada, proveniente de Roma y envuelta en un sobre lucrado y sellado por su Santidad.

Tras la muerte de doña Matilde y doña María, el Lignum Crucis pasó a manos de doña Adriana quien siempre le había profesado gran devoción puesto que, al vivir con sus tías, lo veneraba y rezaba diariamente.

Como supondréis, la custodia del objeto sagrado durante el transcurso de los años no estuvo exenta de problemas, sobre todo en el periodo de la Guerra Civil. Cuenta ella que fue lo único que pudo salvar cuando huyó de Alora en 1936, no separándose de él en ningún momento, hasta el punto de haber tenido que llevarlo escondido en el dobladillo de su hábito durante ese tiempo…».

Llegados a 1992 y por mediación de sus sobrinos, decide donarlo a nuestro Jesús de las Torres, y ello principalmente por dos razones porque tanto su familia como ella siempre fue «Jesuitas», y porque según sus propias palabras «espera que Nuestro Padre abra a sus huesos las puertas de las Torres y a su alma las del cielo».

Para ella, para Nana, como cariñosamente la llamamos los que la queremos, supone una gran satisfacción que el Nazareno pueda portar cada año la reliquia que tantos años tuvo junto a sí y que todos los «perotes» puedan rezar a este santo objeto como ella lo hizo durante todo ese tiempo.

En los pasados desfiles procesionales Nuestro Padre llevó muy cerca de su corazón, debajo de su sagrada túnica, la reliquia tan generosamente donada: en próximas semanas Santas, y de la forma que se decide oportunamente, será expuesta al culto público en el trono de nuestro titular.

Desde estas líneas, en nombre de todos los Hermanos Archicofrades de Jesús, gracias, Nana, por tu enorme generosidad.

Presentación del Cartel Anunciador de la Semana Santa de Álora 1992.

Salvador Cristóbal Pérez Zumaquero

Revista Nazareno de las Torres, octubre 1992

Compartir

Nuestras Redes Sociales

Patrocinadores