Efemérides.- Imaginería cofradiera de nuestra Hermandad en la década de los años noventa

04/04/2019

A imaginería cofradiera de la Archicofradía de Jesús Nazareno de las Torres se centra en cuatro monumentos de la Pasión y Muerte de Jesús – Azotes, Camino del Gólgota, Muerte y María transida de dolor al pie del suplicio- en una comunicación directa con el espectador que no puede inhibirse de la escena, con llamadas directas a su sensibilidad y a su naturaleza piadosa. Son imágenes llenas de sentido, realistas y conmovedoras, de modo que el espectador que las ve pasar, a pie de calle, puede sentir una sacudida en sus sentimientos y en su compasión,

No son tallas de primer orden artístico, sino sustitutas de otras primitivas-desgraciada y accidentalmente desaparecidas. Son fruto del esfuerzo de hermanos -F. García, F. Bueno y M. Morales- cofrades que, en sus momentos, dieron el impulso preciso.

José Navas-Parejo nació en Álora el 22 de octubre de 1883 y falleció en Granada en 1953. Desarrolló una gran labor como escultor y orfebre, obteniendo premios y éxitos importantes. Participó en la exposición hispano-francesa de Zaragoza, viajó a Sudamérica (Montevideo) y dejó numerosas obras suyas en Málaga, Granada y Madrid: mantuvo una fluida relación con el Rey Alfonso XIII.

Nicolás Prados López talló el Cristo de la Columna y fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Granada.

 

  1. Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres

Talla de madera policromada. Representa al Nazareno en actitud caminante y levemente inclinado por el peso de la Cruz, Su rostro expresa ternura y cara de un Dios infinitamente bueno, con la que el espectador puede establecer la comunicación.

La túnica del Nazareno, vestido en su totalidad, aunque solemne, le priva de un mayor valor escultórico que queda expresado en el rostro y en las manos.

La gubia de Navas-Parejo talló en la cabeza de Jesús mechones ondulados. Posteriormente se recubrió con peluca de tirabuzones negros donación de una Hermana cofrade- con los que se procesiona. Una corona de espinas le atraviesa las sienes y la policromía lo ha dotado con goterones de sangre, sin llegar al detalle cruento de otros Cristos.

Consigue el acoplamiento entre la Cruz -que es posterior y plateada- con las manos en una perfecta sinfonía de ejecución -sin caer en gestos teatralizados, donde Jesús acaricia y abraza el madero redentor. Dos ángeles que no corresponden a la concepción primitiva del autor sostienen los extremos del cíngulo.

 

  1. Santísimo Cristo Crucificado de los Estudiantes

Talla de tamaño natural. Representa a Dios muerto, sin perder la serenidad clásica dentro de una impresionante dignidad.

La cabeza caída sobre el pecho, hacia adelante y ligeramente inclinada a la derecha, contrasta con el movimiento de piernas hacia la izquierda. No es un Cristo tremendo violento ni lleno de crueldad sino que ofrece un equilibrio agradable -donde la muerte es dulce- para inducir por lo bello y por lo serenamente sentido.

La majestad serena del rostro, sin exageraciones patéticas, acompasan la figura clavada en la Cruz con tres clavos. Descansa el pie izquierdo sobre el derecho sin tablerillo que los sostenga. Una corona de espinas superpuesta sobre el cráneo hace fluir pinceladas de sangre que corren por las sienes y cuello. Su lanzada en el costado o las llagas en las rodillas son las notas más sangrientas de este Cristo de soberano naturismo.

 

  1.  Santo Entierro

Es la misma talla a la que por un mecanismo se le hacen bajar sus brazos ofreciendo una composición serena y elegante, equilibrada, llena de expresividad que con los brazos yertos y junto al cuerpo nos muestra un Cristo Yacente sin el patetismo atormentado de la muerte y al que se procesiona, en la noche del Viernes Santo, entre el recogimiento y el dolor.

 

  1. Jesús Atado a la Columna

El dramatismo trágico del tema ha llevado a Prados López, en verdadero alarde realista, a expresar el momento de la flagelación para impresionar y despertar la piedad de los fieles.

La policromía interpreta con su colorido acre un patetismo que se acentúa con la disposición que el autor hizo de la imagen.

Manos y antebrazos atados y cruzados sobre una media columna resaltan la valoración plástica. Añadidos y postizos, no sólo completan sus contenidos iconográficos -potencias, lienzo y cuerda- sino que hacen a la imagen más real y lacerante, al contrastar el torso desnudo, de pie y ligeramente desviados los planos entre la verticalidad y la columna a la que se halla sujeto un Cristo de mirada perdida con ojos vidriosos que acentúa su fuerza expresiva.

 

  1. María Santísima de las Ánimas

Fue la última obra de las adquiridas y la obra última de Navas-Parejo.

Dolorosa en soledad, Virgen de vestir, sublime el dolor religioso hasta convertirlo en realidad idealizada Rostro de María lloroso, con la mirada hacia el suelo y pérdida en sí misma, manos abiertas al cielo que piden una explicación de lo ilógico o muestran la impotencia de María mujer ante su pena.

Utiliza el autor en la imagen ojos de cristal, pestañas de pelo natural y lágrimas que le dan un carácter de tristeza sublimando el dolor religioso que combinado con los adornos del pecho -puñal y encajes- la hacen encaran en la línea de las dolorosas que muestran en su propia humanidad el dolor más grande.

 

José Morales García

Revista Nazareno de las Torres, año 1993

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