Efemérides.- Nueva calle, bajo el nombre de “Nazareno de las Torres», en la Base Príncipe de Paracuellos de Jarama

21/05/2019

En la revista “Nazareno de las Torres» del año 1997 se publicó una sección de 11 páginas que coordiné y que titulamos «40 Años perpetuando nuestra amistad», en la que colaboraron destacados paracaidistas y yo publiqué mi III Crónica Sentimental en la que decía:

«Hoy celebramos cuarenta años – !cuarenta años! – de relación con la Brigada Paracaidista. Una amistad presidida por el mutuo respeto, la generosidad sincera y el cariño compartido.

Que el Señor de las Torres, desde su magnanimidad, haga que esta «vieja» y entrañable amistad se perpetúe para siempre en el tiempo»

Y se ha perpetuado, pero esa consagración se culminó el día 21 de septiembre de 2013, un día espléndido del verano que agonizaba porque el General Jefe de la Brigada Paracaidista Don Juan Cifuentes tuvo a bien aceptar y autorizar la petición de nuestra Archicofradía de dedicar el nombre de “Nazareno de las Torres» a una de las calles de la Base Príncipe de Paracuellos de Jarama, que es como tener una calle en el Cielo.

Los actos fueron presididos por el General, acompañado por el Coronel 2o Jefe y una amplia representación de Jefes, Oficiales y Suboficiales de distintas Banderas y Unidades, algunos de ellos ya en situación de “retiro» y de más de un centenar de archicofrades.

La jornada comenzó con una visita al Museo Paracaidista y a continuación se celebró la Santa Misa. Acto seguido se procedió a la inauguración de la calle, con una Sección de Honores y las dos bandas de música formadas, por parte del General y del Teniente de Hermano Mayor Pedro Fernández Morilla, por ausencia del Hermano Mayor Francisco Fernández Chávez que tuvo que desplazarse de Paracuellos a Álora con urgencia por una desgracia familiar, se descubrió una placa con el nombre de la calle y un mosaico que estaba incrustado en la pared junto al nombre «Nazareno de las Torres», se rezó la Oración Paracaidista y se dieron los gritos preceptivos. La jefa de protocolo de la Archicofradía, Isabel Cañete, se dirigió al público allí reunido con unas emotivas palabras y recordó que el Viernes Santo de 1973 se inauguró una calle en la Barriada de San Paulino de Álora con el nombre de «Gloriosa Brigada Paracaidista». Pedro Fernández entregó al cabo Portillo una batuta y un pergamino nombrándole «Músico de Honor» de nuestra Banda de Música y dio las gracias al General y a toda la Bripac por concedernos tan alta distinción.

La Banda de la Bripac interpretó el «Bolero» que tan buena acogida tiene siempre en el público y la Banda de la Archicofradía una pieza muy conocida y popular: «Nuestro Padre Jesús», que tan bien fue muy festejada.

Acto seguido nos dirigimos al polideportivo para asistir al concierto que ofrecieron las dos bandas, interpretando distintas piezas. Nuestra banda nos deleitó y emocionó, entre otras composiciones musicales, con el himno a la patrona de Álora: «Flor de las Flores», del que es autor nuestro paisano David Gutiérrez. Sinceramente creo que todos los hermanos de la Archicofradía presentes en el acto, nos sentimos orgullosos de esta agrupación musical por su profesionalidad y disciplina, así como por su intachable comportamiento. Y quiero resaltar al abanderado, Jesús Estrada, por su constante marcialidad y ejemplo de superación que fue motivo de continuas alabanzas. Por todo ello, por su actuación tan destacada y brillante, merece nuestra más efusiva felicitación.

Y al final del concierto, todos en pie, les tributamos una fuerte y larga ovación, mientras los dos directores: José Luis Portillo y Francisco Gutiérrez se felicitaban y se fusionaban en un fraternal abrazo.

A continuación se celebró una comida de hermandad preparada por archicofrades con voluntad y dedicación, ya que sin ser profesionales resolvieron con habilidad las dificultades que presenta preparar una comida para tan alta concurrencia, que fue muy distendida y alegre y que sirvió para confraternizar y estrechar más, si cabe aún, los lazos de unión entre paracaidistas y archicofrades. Al final de la comida, el General nos entregó una réplica de la placa de la calle.

También se abrieron las piscinas para que los chicos aliviaran el calor que a esa hora hacía, y las cantinas y el bar de la I Bandera, para pasar la sobremesa en esta tarde inundada de luz de una dia tan satisfactorio y feliz, intercambiando impresiones y comentarios. Todos los archicofrades pudieron comprobar la hospitalidad con que nos recibieron, la exquisitez, el cariño y el señorío del trato de todos los Caballeros Legionarios Paracaidistas. Gracias, muchas gracias.

Ya he dicho muchas veces que un día afortunado los destinos de la Bripac y los de nuestra Archicofradía se cruzaron y se unieron para siempre en una unión indisoluble y duradera, y en una continua comunicación y presencia, como debe existir siempre entre Instituciones tan nobles y leales como la Glorioso Brigada Paracaidista y nuestra centenaria y querida Archicofradía.

Y mientras ocurrían estos hechos yo recuperaba el pasado y vivía en mi interior, con nostalgia, otros tiempos ya lejanos y distintos, cuando iniciamos las relaciones de amistad con la Agrupación de Banderas Paracaidistas, que así se llamaba por entonces la actual Bripac, y las dificultades que tuvimos que resolver, entre otras cosas, por la inexperiencia en estos temas de Paco Lucas y mía, porque mi primo Antonio García Botello tenía ingenio y recursos suficientes para, más bien que mal, salir airoso e ir resolviendo los problemas que se iban presentando, y además, porque contaba con la complicidad de la Bripac, que siempre tuvo una actitud positiva hacia nado los destinos de la Bripac y los de nuestra Archicofradía se cruzaron y se unieron para siempre en una unión indisoluble y duradera, y en una continua comunicación y presencia, como debe existir siempre entre Instituciones tan nobles y leales nosotros y en la que encontrábamos una cálida acogida a nuestras sugerencias, y comprensión y benevolencia con nuestros errores.

Pero después de tantos años, yo estaba ahí compartiendo una fecha memorable junto con más de un centenar de archicofrades, una fecha que vivi con intensa emoción porque me acordaba de muchas personas que faltaban y muy especialmente de mi primo Antonio y Paco Lucas que juntos recorrimos ese dificultoso camino y a los dos les hubiese llenado de alegría y satisfacción este acto, y me pareció caminar con ellos, en silencio y con la sola iluminación de la luz que emana del corazón y con la bellísima pero difuminada imagen del Señor de las Torres al fondo, por los imaginarios y celestiales campos del Paraíso.

 

Rogelio García Morales

Medalla de Oro de la Archicofradía

Revista Nazareno de las Torres, año 2014

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