Efemérides.- Nueva fecha del Dulce Nombre de Álora

Fecha publicación en la web: 19/05/2021

1631:  PRIMERA REFENCIA HISTÓRICA DOCUMENTAL DE NUESTRA ACTUAL ARCHICOFRADÍA.

Ahora, más que nunca, la verdadera historia de un pueblo, institución y/o persona particular debe buscarse en los antiguos documentos manuscritos e impresos conservados en los distintos archivos que se reparten por nuestro extenso territorio. En efecto, la limitada vida de la imagen fotográfica -activa para el pueblo desde finales del siglo XIX- y la comúnmente distorsionada tradición oral que se transmite de generación en generación, han provocado que toda investigación histórica de cierta seriedad necesite de unos datos contrastados y ratificados de antemano, y ¡cómo no! de unos especialistas en el tema que acometan y traten el asunto con todo el rigor posible. Y esto es así, porque a decir verdad no todos estamos preparados para enfrentarnos a una búsqueda de tal calibre. Por tanto, ante un documento manuscrito de la Edad Moderna el investigador debe tener los oportunos conocimientos de paleografía a la hora de leer y transcribir el texto, una buena dosis de suerte y paciencia para encontrar la información deseada y, lo que es más importante, una adecuada formación histórica teórico-práctica que le permita comprender e interpretar lo que allí se expone, en relación con la trayectoria de todo organismo y la situación y mentalidad social del momento.

 Viene siendo habitual que algunos de los miembros pertenecientes a las instituciones religiosas de la Semana Santa andaluza se hayan decantado por publicar hipótesis personales sobre el origen de su hermandad, estando faltos de una base teórica documentada y aceptando una serie de leyendas populares de escasa credibilidad. Ni que decir tiene que gran parte de estas opiniones carecen de fundamento alguno y no han hecho más que confundir al conjunto de interesados ante la grave ausencia de datos concretos y el desconocimiento generalizado que ha padecido este círculo social hasta fechas muy recientes. Por suerte, estas teorías son hoy día rebatidas por una nueva generación de investigadores con una alta preparación académica, los cuales no han dudado un ápice en analizar y estudiar las distintas fuentes documentales con la pretensión bien clara de extraer conclusiones históricas satisfactorias. En cualquier caso, el hecho de que estos trabajos se hayan ejecutado con propiedad científica no quiere decir que no puedan ser perfeccionados, rectificados o complementados con nuevos descubrimientos.

En tal tesitura, pueden encuadrarse los primeros pasos corporativos de la antigua hermandad del Dulce Nombre de Jesús de la ciudad de Álora. Asentada sobre los pilares evangélicos de la Circuncisión de Cristo y la mística trascendental expuesta por autores como San Buenaventura, la fiesta del Dulce Nombre de Jesús arraigó con fuerza en esta población sobre todo a partir de la celebración promovida en Sevilla hacia 1513 por el obispo de Málaga Pedro Díaz de Toledo y la aprobación que hizo el pontífice Clemente VII por medio del breve de 25 de febrero de 1530 1. Probablemente esta intensa devoción del pueblo de Álora a la mencionada festividad favoreció tiempo después la fundación y organización institucional de su correspondiente hermandad, de la misma manera que la edificación de una capilla propia en la antigua parroquia de Santa María de la Encarnación popularmente conocida con el sobrenombre de iglesia “de las Torres”. Como solía ser común en otras poblaciones andaluzas, la devoción al Dulce Nombre de Jesús materializada en la erección de hermandades de tan significativo título tomó una especial relevancia con el transcurrir de los años al adaptarse a las nuevas necesidades del fervor popular que condujo a su transformación en hermandades de penitencia, originándose entonces la mayoría de las cofradías dedicadas a Jesús Nazareno.

 A este respecto, se observan una serie de incorrecciones que pueden alterar sustancialmente la memoria histórica. Por una parte, la actual capilla del Nazareno de las Torres es fruto evidente de los desastres producidos por el terremoto de 1680, cuando se desplomó gran parte del templo y únicamente quedó en pie la zona del presbiterio. Utilizada desde entonces por la hermandad, la cabecera de la iglesia responde formal y estilísticamente a los cánones constructivos de la arquitectura gótico-isabelina de finales del siglo XV y principios del XVI, y no mantiene ningún resto de edificación musulmana como aseveran por escrito distintos autores. Sin embargo, este hecho no excluye que la fábrica se levantase sobre los cimientos de la antigua mezquita, aprovechando ese carácter simbólico que exponía la supremacía de una religión sobre la anterior y beneficiándose de un espacio que se consideraba sagrado desde el asentamiento de las culturas más primitivas. Además, es poco factible que el altar mayor de la iglesia –dedicado a la advocación central del conjunto religioso- estuviera reservado desde un principio a la imagen del Nazareno, pues éste se establecería en una capilla colateral hasta el traslado definitivo del templo en que se tomaría la parte de la edificación que restaba aun en pie. Esta cuestión concuerda claramente con las fechas de creación de la hermandad y escultura del Nazareno de las Torres. De acuerdo con la lógica histórica, los datos manuscritos conservados y las particularidades estéticas observadas en las fotografías de la antigua escultura, puede llegar a concluirse que la reorganización corporativa y la hechura de la talla se encuadran dentro de la primera mitad del siglo XVIII.

 Hasta el momento no ha sido posible encontrar la fecha fundacional de la hermandad del Dulce Nombre de Jesús, como hemos referido germen original de la de Nuestro Padre Jesús de las Torres. La referencia primera aportada en los inicios de este archivo histórico, documentada según los apuntes históricos de Álora de la Hojita Parroquial del primer cuarto del siglo XX, es el día 18 de junio de 1641 cuando Andrés Sánchez Navarro prescribía en su testamento y última voluntad que durante el sepelio acompañasen su cadáver las cofradías del Dulce Nombre de Jesús, del Santísimo, la Santa Vera Cruz, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Cabeza, Nuestra Señora Santa Ana, Apostolado y demás de las que era hermano 2.

Esta referencia provoca la celebración del 350 aniversario del culto al Dulce Nombre de Jesús en el año 1991, de sublimes recuerdos para todos los que la vivimos. Estas efemérides se alteraron posteriormente con el descubrimiento de un documento manuscrito conservado en el archivo de la Catedral de Málaga. Sin ser una fecha definitiva y concluyente el informe encontrado retrotrae la existencia de la hermandad hasta 1631. A través de un escrito dirigido al cabildo catedralicio, los hermanos mayores de las hermandades del Dulce Nombre de Jesús –Cristóbal Sánchez Armijo y Juan de la Cruz del Pozo- y la de la mártir Santa Lucía –Gabriel González y Antón Ruiz de Padilla- expusieron una queja formal al máximo organismo religioso de la provincia, mediante la cual hacían patente su descontento ante la última actuación de los religiosos del monasterio franciscano de Nuestra Señora de Flores.

Las dos hermandades de la iglesia mayor tenían por costumbre y obligación de sus estatutos el celebrar misa con sermón en fiestas cuaresmales como la del patriarca San José, en marzo, y el Descendimiento de la Cruz y Entierro de Cristo en la tarde del Viernes Santo 3. La polémica radicaba precisamente en que las hermandades querían disponer de libertad para escoger a los predicadores, oponiéndose a la medida los religiosos franciscanos que se acogían a su derecho de exclusividad en todas las predicaciones cuaresmales de la parroquia: Los quales [sic] sermones es nuestra devoción encomendarlos a los predicadores que mejores nos parecen aunque sea trayéndolos de fuera de esta villa por lo qual los padres descalsos de San Francisco que tienen el convento en esta dicha villa y juntamente el púlpito las quaresmales no quieren consentir que otros predicadores prediquen durante la quaresma siendo verdad que no tienen rasón porque estos sermones no son quadragesimales sino voluntarios de las dichas hermandades las quales buscan otros predicadores por no ser a gusto el que estos padres dan siempre a este lugar 4. Ante la incipiente súplica de ambas hermandades, la autoridad competente facilitó la autorización y licencia pertinente para que encomendasen los sermones a cualquier predicador sin que los referidos frailes pudiesen presentar contradicción alguna.

Igualmente el  22 de junio de 1632 nos consta que el artesano Pedro Fernández del Villar según la escribanía de Diego de Salinas 5, aporta una nueva y específica referencia a la Cofradía del Dulce Nombre para la que el artista había comprometido el trabajo de unas andas no entregadas y que según el Padre Llordén se debe al fallecimiento de su primera esposa, Melchora de Valderrama que debió ocurrir entre 1629- 1632. “Ya antes (22 de Junio de 1.632) dice el protocolo, se había comprometido a dorar y pintar unas andas para la Villa de Álora, que en esta fecha tenía concluidas pero no entregadas. Por el retraso de la entrega, aún sin culpa suya- lo que hace suponer que se encontraba sumido en otros problemas y preocupaciones- compareció ante el, Alonso de Martos, hermano de la Cofradía del Dulce Nombre de la Villa”.

En definitiva, puede decirse que la Historia es una ciencia en constante evolución que no deja de sorprendernos con curiosos y, a veces, asombrosos datos a pesar de que el conocimiento de ésta es cada vez más completo. Esperemos que este nuevo hallazgo sirva para completar las grandes lagunas que existen sobre la referida institución y abra nuevos caminos y vías de indagación de cara a investigaciones futuras.


1 Bootello Miralles, R. A.: Historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Torres, Álora, Hermandad de Nuestro Padre Jesús, 1991, pp. 11-12.

2 Ibidem, p. 18.

3 Archivo de la Catedral de Málaga, leg. 557, nº 7, 1631, La Congregación del Dulce Nombre de Jesús de Álora.

4 Ibidem.

5 Escribanía de Diego de Salinas 1632. Archivo Histórico Provincial.

6 Investigación documental aportada por los colaboradores de la Revista Nazareno de las Torres don José Morales y don Sergio Ramírez

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