Efemérides.- Nueva fecha del Dulce Nombre de Álora

30/08/2020

Ahora, más que nunca, la verdadera historia de un pueblo, institución y/o persona particular debe buscarse en los antiguos documentos manuscritos e impresos conservados en los distintos archivos que se reparten por nuestro extenso territorio. En efecto, la limitada vida de la imagen fotográfica -activa para el pueblo desde finales del siglo XIX- y la comúnmente distorsionada tradición oral que se transmite de generación en generación, han provocado que toda investigación histórica de cierta seriedad necesite de unos datos contrastados y ratificados de antemano, y cómo no de unos especialistas en el tema que acometan y traten el asunto con todo el rigor posible. Y esto es así, porque a decir verdad no todos estamos preparados para enfrentarnos a una búsqueda de tal calibre. Por tanto, ante un documento manuscrito de la Edad Moderna el investigador debe tener los oportunos conocimientos de paleografía a la hora de leer y transcribir el texto, una buena dosis de suerte y paciencia para encontrar la información deseada y, lo que es más importante, una adecuada formación histórica teórico práctica que le permita comprender e interpretar lo que allí se expone, en relación con la trayectoria de todo organismo y la situación y mentalidad social del momento.

Viene siendo habitual que algunos de los miembros pertenecientes a las instituciones religiosas de la Semana Santa andaluza se hayan decantado por publicar hipótesis personales sobre el origen de su hermandad, estando faltos de una base teórica documentada y aceptando una serie de leyendas populares de escasa credibilidad. Ni que decir tiene que gran parte de estas opiniones carecen de fundamento alguno y no han hecho más que confundir al conjunto de interesados ante la grave ausencia de datos concretos y el desconocimiento generalizado que ha padecido este círculo social hasta fechas muy recientes. Por suerte, estas teorías son hoy día rebatidas por una nueva generación de investigadores con una alta preparación académica, los cuales no han dudado un ápice en analizar y estudiar las distintas fuentes documentales con la pretensión bien clara de extraer conclusiones históricas satisfactorias. En cualquier caso, el hecho de que estos trabajos se hayan ejecutado con propiedad científica no quiere decir que no puedan ser perfeccionados, rectificados O complementados con nuevos descubrimientos.

En tal tesitura, pueden encuadrarse los primeros pasos corporativos de la antigua hermandad del Dulce Nombre de Jesús de la ciudad de Alora. Asentada sobre los pilares evangélicos de la Circuncisión de Cristo y la mística trascendental expuesta por autores como San Buenaventura, la fiesta del Dulce Nombre de Jesús arraigo con fuerza en esta población sobre todo a partir de la celebración promovida en Sevilla hacia 1513 por el obispo de Málaga Pedro Díaz de Toledo y la aprobación que hizo el pontífice Clemente VII por medio del breve de 25 de febrero de 1530. Probablemente esta intensa devoción del pueblo de Alora a la mencionada festividad favoreció tiempo después la fundación y organización institucional de su correspondiente hermandad, de la misma manera que la edificación de una capilla propia en la antigua parroquia de Santa Maria de la Encarnación popularmente conocida con el sobrenombre de iglesia «de las Torres». Como solía ser común en otras poblaciones andaluzas, la devoción al Dulce Nombre de Jesús materializada en la erección de hermandades de tan significativo título tomó una especial relevancia con el transcurrir de los años al adaptarse a las nuevas necesidades del fervor popular que condujo a su transformación en hermandades de penitencia, originándose entonces la mayoría de las cofradías dedicadas a Jesús Nazareno.

A este respecto, se observan una serie de incorrecciones que pueden alterar sustancialmente la memoria histórica. Por una parte, la actual capilla del Nazareno de las Torres es fruto evidente de los desastres producidos por el terremoto de 1680, cuando se desplomo gran parte del templo y únicamente quedó en pie la zona del presbiterio. Utilizada desde entonces por la hermandad, la cabecera de la iglesia responde formal y estilísticamente a los cánones constructivos de la arquitectura gótico isabelina de finales del siglo XV y principios del XVI, y no mantiene ningún resto de edificación musulmana como aseveran por escrito distintos autores.

Sin embargo, este hecho no excluye que la fábrica se levantase sobre los cimientos de la antigua mezquita, aprovechando ese carácter simbólico que exponía la supremacia de una religión sobre la anterior y beneficiándose de un espacio que se consideraba sagrado desde el asentamiento de las culturas más primitivas.

 Además, es poco factible que el altar mayor de la iglesia – dedicado a la advocación central del conjunto religioso- estuviera reservado desde un principio a la imagen del Nazareno, pues éste se establecería en una capilla colateral hasta el traslado definitivo del templo en que se tomaría la parte de la edificación que restaba aun en pie. Esta cuestión concuerda claramente con las fechas de creación de la hermandad y escultura del Nazareno de las Torres. De acuerdo con la lógica histórica, los datos manuscritos conservados y las particularidades estéticas observadas en las fotografías de la antigua escultura, puede llegar a concluirse que la reorganización corporativa y la hechura de la talla se encuadra dentro de la primera mitad del siglo XVIII.

Hasta el momento no ha sido posible encontrar la fecha fundacional de la hermandad del Dulce Nombre de Jesús, como hemos referido germen original de la de Nuestro Padre Jesús de las Torres. La referencia más antigua se encuentra documentada en el día 18 de junio de 1641 cuando Andrés Sánchez Navarro prescribía en su testamento y última voluntad que durante el sepelio acompañasen su cadáver las cofradías del Dulce Nombre de Jesús, del Santísimo, la Santa Vera Cruz, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Cabeza, Nuestra Señora Santa Ana, Apostolado y demás de las que era hermano2. Referencia indispensable en la celebración del 350 aniversario del culto al Dulce Nombre, esta efeméride se altera ahora con el descubrimiento de un documento manuscrito conservado en el archivo de la Catedral de Málaga. Sin ser una fecha definitiva y concluyente el informe encontrado retrotrae la existencia de la hermandad hasta 1631. A través de un escrito dirigido al cabildo catedralicio, los hermanos mayores de las hermandades del Dulce Nombre de Jesús -Cristóbal Sánchez Armijo y Juan de la Cruz del Pozo- y la de la mártir Santa Lucia Gabriel González y Antón Ruiz de Padilla expusieron una queja formal al máximo organismo religioso de la provincia, mediante la cual hacían patente su descontento ante la última actuación de los religiosos del monasterio franciscano de Nuestra Señora de Flores.

Las dos hermandades de la iglesia mayor tenían por costumbre y obligación de sus estatutos el celebrar misa con sermón en fiestas cuaresmales como la del patriarca San José, en marzo, y el Descendimiento de la Cruz y Entierro de Cristo en la tarde del viernes Santo3. La polémica radicaba precisamente en que las hermandades querían disponer de libertad para escoger a los predicadores, oponiéndose a la medida los religiosos franciscanos que se acogian a su derecho de exclusividad en todas las predicaciones cuaresmales de la parroquia: Los quales [sic] sermones es nuestra devoción encomendarlos a los predicadores que mejores nos parecen aunque sea trayéndolos de fuera de esta villa por lo qual los padres descalsos de San Francisco que tienen el conbento en esta dicha villa y juntamente el púlpito las quaresmales no quieren consentir que otros predicadores prediquen durante la quaresma siendo verdad que no tienen rasón porque estos sermones no son quadragesimales sino voluntarios de las dichas ermandades las quales buscan otros predicadores por no ser a gusto el que estos padres dan siempre a este lugar4. Ante la incipiente súplica de ambas hermandades, la autoridad competente facilitó la autorización y licencia pertinente para que encomendasen los sermones a cualquier predicador sin que los referidos fralles pudiesen presentar contradicción alguna.

En definitiva, puede decirse que la Historia es una ciencia en constante evolución que no deja de sorprendernos con curiosos y, a veces, asombrosos datos a pesar de que el conocimiento de ésta es cada vez más completo. Esperemos que este nuevo hallazgo sirva para completar las grandes lagunas que existen sobre la referida institución y abra nuevos caminos y vías de indagación de cara a investigaciones futuras.

Sergio Ramírez Gonzalez

Becario de Investigación

Universidad de Málaga

1 BOOTELLO MIRALLES, R. A.: Historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Torres, Alora, Hermandad de Nuestro Padre Jesús, 1991, pp. 11 12

2 Ibidem, p. 18.

3 Archivo de la Catedral de Málaga, leg. 557, ne 7, 1631. La Congregación del Dulce Nombre de Jesús de Álora,

4 Ibidem.

Revista Nazareno de las Torres, año 2005

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