Efemérides.- Nuevo grupo escultórico de Ángeles Pasionarios para Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres

03/06/2020

Uno de los grandes estrenos de la Archicofradía de Jesús Nazareno de las Torres serán los ángeles pasionarios que lo acompañara desde la presente Semana Santa de 2009. Desde el siglo XVII, fue costumbre que las imágenes de Cristo fuesen escoltadas por esculturas de este tipo cuyo propósito era resumir en los atributos exhibidos en las manos un auténtico resumen de la Pasión. No obstante, sería en el siglo XVIII cuando su presentación terminó generalizándose, vinculándose de manera particular a la iconografía del Nazareno cargado con la cruz, en además de recoger los extremos de su cíngulo con gesto compungido.

Juan Alberto Pérez Rojas continúa en pleno siglo XXI, con esta tradición, habida cuenta de que la consideración de los ángeles pasionarios como piezas procesionales solo responde a intereses persuasivos y decorativos, año que también reporta un significado triunfal. Ya Miguel Ángel tuvo presente esta cuestión, al incluirlos en el Juicio Final que pintara, entre 1535-1541. para la Capilla Sixtina. En la escultura barroca y también en la obra de sus seguidores actuales como Pérez Rojas, los Ángeles pasionarios aparecen con gestos dolientes que contrastan con la delicadeza de sus gestos y sus robustas anatomías infantiles. Desde el punto de Vista literario, la iconografía de estas obras se amolda al código emblemático trazado por un autor de tanto prestigio como el Pseudo Dionisio Areopagita cuyo tratado De Coles ti Hierarchia fue durante siglos el referente indiscutible para cualquier aproximación artística – ya pictórica o escultórica- al tema angélico.

Contemplados en unión del Nazareno de las Torres, los ángeles de Juan Alberto Pérez Rojas introducen una recapitulación completa del ciclo de la Pasión, recordando al espectador los sufrimientos del Salvador. Por ello, al situarse a sus pies, evocan ante todos los Improperio o Arma Christi, es decir, las herramientas, instrumentos o atributos mediante los que, de manera gradual, Cristo había Certificado y conquistado la Redención humana. En el siglo XIII, los teólogos fijaron el número de estos atributos en seis: la corona de espinas, la columna y azotes de la Flagelación, los clavos, la esponja, la lanza y, por encima de todos, la cruz. En el siglo XV, se complicó esta catalogación y distintos artistas italianos y flamencos añadieron otros nuevos a sus obras como la jarra y la palangana del lavatorio de Pilatos, la túnica sin costura, el paño de la Verónica, los dados del sorteo de las vestiduras, la mano de la bofetada, el gallo de las negaciones de San Pedro y las tenazas, martillos y escalas del Descendimiento.

Desde el punto de vista estilístico, Juan Alberto Pérez Rojas entronca con las obras del Barroco sevillano -las de los Ribas y Pedro Roldán y sus seguidores en particular-dotando a sus creaciones de un potente modelado, aprendido de su maestro Juan Manuel Miñarro López. Las figuras desarrollan un esquema envolvente, a partir del cual se establece un juego de sitios entre el movimiento corporal y la caída de las telas estofadas, lo cual también repercute a efectos cromáticos, plásticos y escultóricos.

El rostro queda semioculto por el gesto doliente de una de las manos, al tiempo que la otra se extiende demandando la compasión del espectador. Los volúmenes blandos de las nubes aúpan las figuras, al tiempo que las dota de cierta ingravidez que atenúa la fuerza del tratamiento escultórico desarrollado por el autor.

 

Juan Antonio Sánchez López

Revista Nazareno de las Torres, año 2009

 

Reproducimos seguidamente parte del proyecto presentado por Alberto Pérez a nuestra Permanente de Gobierno el pasado mes de junio del año de 2007: dibujísticamente hablando –  presente en el lenguaje de la escultura siempre-, el tratamiento de la iconografía se centrará en un concienzudo estudio de la anatomía infantil y de captación de las blanduras que, en esta figura, consultaremos en varias ocasiones del modelo vivo. El tener la posibilidad de contar con un referente vivo, aporta a la escultura ese halo de naturalidad y espontaneidad que poseen los niños. Dicha naturalidad, será un aspecto fundamental a la hora de expresar el lenguaje de las manos, básico en cualquier manifestación artística que tenga como referencia la figura humana. Una vez más se pone de relieve el especial interés que conlleva la correcta consulta de la simbología.

En la temática infantil, como viene siendo habitual en este tipo de obras, tras cuantiosos estudios de anatomía, optaremos por una composición helicoidal de cada figura que aporte a la figura un movimiento excepcional que se ve reforzado por el tratamiento del cuerpo en búsqueda de ritmos internos de extremidades, canalizados a través del torso de la figura por líneas básicas de composición y delimitación de los ejes fundamentales y constituyentes de la correcta armonía del cuerpo humano.

La disposición de las figuras traseras se realizará en torno a la Cruz y ancladas en una nube que servirá a su vez de peana de los dos ángeles y de sustento fundamental del peso de la cruz. La forma predominante en la composición de la nube será piramidal con modificaciones de esta estructura básica provocadas por ritmos internos constitutivos de estos elementos y que siguen la tradición escultórica y representativa de estos elementos.

La disposición de los ángeles será diferente, implorante uno y oferente el otro. Con ello obtendremos una dualidad gesticular que enriquecerá el grupo y complementará el programa iconográfico a desarrollar en las andas del Nazareno. Compositivamente las figuras serán resueltas siguiendo las pautas del carácter que previamente otorguemos a cada uno, en una actitud oferente dispondremos la escultura entorno a una gestualidad agradable, cercana y manifiestamente dulce. Todo ello revertirá en juego de contraposición de los elementos constitutivos de la anatomía de la figura y de los ornamentos con los que complementemos a éstas. Por ejemplo, el perizoma.

Atendiendo a una actitud implorante, contraponemos todo lo expresado arriba con una serie de actitudes que inviten al recogimiento e introspección que debe manifestar la escultura. En este aspecto serán de vital importancia las líneas de contenido general que nos dibujen la figura y compongan de la mejor manera posible la actitud a representar. Se estudiarán igualmente todos los elementos que complementen la escultura, tanto los paños de pureza como las alas, que serán unos elementos que refuercen las actitudes a representar.

Revista Nazareno de las Torres, año 2008.

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