Efemérides.- Restauración y dorado del trono de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres

30/07/2020

PRÓLOGO

Es el veintidos de noviembre, son las primeras horas de la jornada de la tarde, en mi estudio de pintura, restauración y dorado, suena el teléfono y al otro extremo don Francisco Carrasco, Hermano Mayor de la Hermandad del Dulce Nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres, de Álora; la conversación es breve, porque las ideas las tiene claras y la cita queda concertada para el día siguiente, veintitrés, en Álora.

Son las ocho y treinta de la tarde, nos esperan y nos damos a conocer unos y otros, todos son personajes nuevos, Antonio Gutiérrez, José Aguilar y yo, Paulino conocidos y en varios coches nos dirigimos camino de «Las Torres», en todo lo alto de Álora, es noche cerrada oscura y seca, todavía no ha caído una gota de agua y el campo y sus gentes la piden poco menos que a gritos. Allí en la ex planada y a la luz de los faros de los coches, nos adentramos en la capilla de las Torres y de las dependencias anexas, donde se encuentra el trono procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres.

Aquí nos encontramos Francisco Carrasco, Idelfonso Mayorga, Antonio Lobato, Paco Lucas Carrasco, Antonio Gutiérrez, José Aguilar y yo, Paulino Giménez. Comienza la magia: es una reunión aparentemente informal, sólo pasar presupuesto, pero la realidad es que es altamente enriquecedora; los miembros que la componen se desbordan poco a poco en explicaciones, detalles, anécdotas, todo envuelto en cariño, amor, fervor; son parte de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres y ese entusiasmo nos lo están transmitiendo, estamos conociendo el trono, es como una presentación entre amigos, entre el trono y los artistas, lo tocamos, lo medimos, nos estamos conociendo, él nos va a pedir y nosotros le vamos a dar todo cuanto tenemos. Seguimos hablando y el Hermano Mayor nos pone al corriente de cuáles son los deseos de la comisión de gobierno, contestamos cuáles son las prioridades, es un toma y daca, pero faltan datos; si allá abajo en el “panteón” están los arbotantes, en ese ambiente de coloquio fervoroso en torno a Jesús de las Torres marchamos cuesta abajo, camino del almacén de la cofradía en la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación; aquí nos esperan los arbotantes, que no hace tanto tiempo que fueron dorados por las manos del artesano Rafael Millán.

Continuamos y de desconocidos pasamos a un entrañable entendimiento, mientras los cofrades quieren ver a su Jesús de las Torres en su mejor trono. Pepe y yo queremos que se convierta en su realidad.

Metidos en ese torrente de información de unos y de otros, nadie ceja en sacar hasta el más mínimo detalle de cuantos hechos inciden en la cofradía, nos tienen desbordados, han enriquecido en muy poco nuestros conocimientos, no sólo para con el trono sino para con la cofradía y su historia. Han creado ese ambiente que todo artista necesita para con su obra, máxime cuando esta no es nuestra, no ha salido de nuestras manos y tenemos que sentirla, como si nuestra fuera, para imprimirle toda una unidad de criterio artístico. Como ya veremos antes de llegar a nuestro taller, este conjunto que forma el trono, fue ejecutado por varios artistas y en distintas épocas poniéndole todo su saber, arte y entender en su confección, trozo de madera a trozo, golpe de gubia a golpe fueron dando forma desde el ras del suelo hasta lo más alto del cielo, para en todo lo alto colocar a Jesús de las Torres, aupándolo más que con el arte de las manos con el corazón, cautivando el sentimiento para con su Señor.

Son más de las diez y treinta de la noche, tenemos que regresar a Málaga y damos por terminado nuestro primer contacto. El trato ha sido exquisito: llegamos como desconocidos y regresamos dejando unos amigos entrañables.

Cogemos el camino de casa y aquella primera llamada de Paco Lucas, se ha transformado poco menos que en una necesidad para este estudio-taller, nos han infundido su necesidad cofrade y nuestros comentarios en el regreso están centrados en que este trabajo es para el artista artesano dorador Pepe Aguilar y su compañero Paulino.

EL TRONO Y SU HISTORIA

El trono está en la calle, parece lo más natural y sencillo pero la realidad es que ha requerido muchas, muchas horas para que este hecho se produzca; primero marcan la necesidad de los hermanos cofrades, se discute el que, el cómo, el después, se estudian bocetos, se cambian detalles y detalles hasta que el trozo de madera empieza a tener forma han pasado años y fue allá por mil novecientos ochenta y uno cuando el entonces Hermano Mayor Diego Fernández Perea dio el sí al proyecto del escultor y tallista malagueño Pedro Pérez Hidalgo, perote por más señas. Con el pasar de los años el proyecto se fue modificando y a la vez enriqueciendo y en mil novecientos ochenta y seis son sustituidos dos de los faroles originales por los arbotantes del antiguo trono de Navas-Parejo de mil novecientos cincuenta y tres; en mil novecientos noventa y de manos de Pérez Hidalgo, esta vez como escultor imaginero se incorporan al conjunto artístico dos querubines que portarán con delicadeza los cordones del cíngulo de Nuestro Padre Jesús; con posterioridad en mil novecientos noventa y dos, son sustituidos los dos faroles que restan por lo arbotantes realizados por el también tallista Francisco Casermeiro que datan de mil novecientos sesenta de esta manera, se ha dado más prestancia y visibilidad a Jesús de las Torres, pero la cofradíaa sigue viva, sus hermanos día a día estudian detalles y más detalles para con sus Titulares y en mil novecientos noventa y cuatro surgen las cartelas barrocas que en número de dieciséis recorren el trono. Están hechas con la gubia, golpeando la madera y, algo mucho más importante, con el corazón golpe a golpe Antonio Gutiérrez Trujillo las ha tallado con arte y delicadeza, la madera se ha retorcido en un delicado encaje barroco que causa la admiración de sus paisanos perotes.

Como bien se ha podido observar son muchas las vicisitudes porque pasa un trono para lucir a su Titular, por las calles, para admiración y devoción de su pueblo: Álora.

Estamos a día veinticuatro y nos sentamos Pepe y yo con objeto de estudiar y presupuestar el posible trabajo de restauración de este artístico conjunto. El proyecto es atractivo y las horas de trabajo se amontonan, suman más de novecientas, los materiales se ponen en fila y suman y suman, pero a todo esto hay que restarle el entusiasmo puesto por sus hermanos y las ganas nuestras de ver esta obra debidamente restaurada, recorriendo las calles de la bella ciudad de Álora. Se ajusta y se ajusta hasta llegar a lo más razonable y, con los resultados, nos dirigimos a su Hermano Mayor Francisco Carrasco, para ultimar los flecos que quedan. De este modo, llega el dia dos de diciembre, en que recibimos la aprobación del proyecto y presupuesto, no sin antes haber sufrido sobre la marcha algunas modificaciones, tales como la incorporación de un pequeño busto del Cristo Coronado de Espinas, de autor anónimo y que estos días se restaura en Madrid, a instancias del padre salesiano Diego Rodríguez y por las manos del escultor y tallista José Andrés Antúnez, discípulo de Pepe Vázquez, escultor sevillano.

Se da el dato curioso de que allá por los años de la guerra, cuando la quema y destrozos de la cultura, las artes y devociones, por la sinrazón, este Coronado de Espinas se salvó gracias a la intervención de una señora que escondió la imagen entre sus ropas, pese a que las espinas de la corona se le clavaban y le producían un profundo daño. Esta mujer, Juana Fernández «La Boja», la custodió con devoción en su casa ato tras año hasta que hace pocos meses la entregó a Francisco Carrasco con el deseo de que volviera al trono y fuera procesionada, deseo que se verá cumplido pues la imagen será acoplada en la capilla central delantera del trono, pasando la Virgen de Flores a la cartela que ocupa la parte trasera, después de ser retallada y policromada. Al mismo tiempo son restauradas de dorado, policromía y estofados los bustos del Apostolado, que flanquean el trono; igualmente las cartelas que portan los escudos de Álora, la Cofradía y la Unidad Paracaidista son igualmente doradas, policromadas y grabadas a punto para su procesionamiento.

Son las nueve de la noche del día siete, cuando llega a nuestro estudio de C/ Marin Garcia, 5, el trono, nos lo trae Francisco Ruiz Martínez, todo está preparado y al día siguiente, a las nueve de la mañana, comienzan las tareas de restauración.

JOSÉ AGUILAR, MAESTRO DORADOR

Obra que corre a cargo del maestro dorador José Aguilar Villalobos, artesano que se hace a la sombra el de su padre y maestro dorador Antonio Aguilar Otero, y con posterioridad a la de Andrés Cabello Requena, escultor, tallista y profesor de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, ya desaparecidos. El aprendizaje fue duro y el trabajo mucho, lo que forjaron un extraordinario artesano dorador si a esto añadimos sus magníficas cualidades artísticas, estaremos ante este maestro que emprende la dura tarea de restaurar este magnífico grupo artístico, no sin antes recordar de pasada algunas de sus realizaciones más sobre salientes: nos remontamos a mil novecientos cincuenta y ocho, trono de los Remedios, de Cártama, mil novecientos cincuenta y nueve a sesenta, de la mano de su padre los tronos de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, de Málaga, durante los sesenta realiza muchos de los trabajos de Pérez Hidalgo, tronos, altares y otros, altar de San Pancracio en la iglesia de San Juan, del setenta y cuatro al setenta y ocho la puesta en marcha del Museo Diocesano de Málaga, también durante el setenta y siete y setenta y ocho la Capilla del Sagrario, en la iglesia de San Pedro, Trono del Cristo de la Misericordia en el año setenta y nueve; trono de La Pollinica en el ochenta y uno; trono de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia en el ochenta y dos; en el ochenta y tres, trono de Nuestro Padre Jesús de Alcalá del Valle, en el ochenta y cuatro, en Antequera, los tronos del Cristo de la Misericordia, de la Virgen del Consuelo, y el de Nuestro Padre Jesús del Rescate. En el año ochenta y cinco, los altares del Santuario de la Virgen de Gracia, en el ochenta y seis, los tronos de la Virgen de los Dolores y del Cristo Resucitado, en Frigiliana; en el ochenta y siete el trono del Santo Traslado en Málaga; en el ochenta y ocho el trono de la Virgen de Carlo Santo, en Cañete la Real y el Sepulcro de Almogía; en el ochenta y nueve el trono del Cristo de Medinaceli de Vélez Málaga. En los años noventa y uno y noventa y dos después de haberle producido un parón importante como consecuencia de las inundaciones del ochenta y nueve, que le arrasaron el taller, vuelve con nuevos aires y realiza el trabajo sobre el trono de Nuestro Padre Jesús de Viñeros, en el noventa y cuatro peana y camarín de Nuestro Padre Jesús de Viñeros y altar de la Virgen de Soledad de Viñeros, y altar de la Virgen de Servitas, en San Felipe Neri: en el noventa y cinco, trono de la Soledad de Mena, y realizando en estos momentos los faroles de Viñeros, trono de Jesús Nazareno de las Torres de Álora y crestería para la Soledad de Mena.

SÍNTESIS DE LA RESTAURACIÓN

Después de este repaso por la obra y milagros de Pepe Aguilar, regresamos a nuestro trono al que hay que desnudar y dejarlo en la madera, enchislatar, repasar y reponer talla y otras faltas: poco a poco va tomando forma, las cartelas hay que acoplarlas nuevamente, los junquillos son sustituidos, la cola ha bañado todas y cada una de las partes del trono.

El agua se mide, la cola se pesa, se deja reposar y pasadas las horas necesarias se componen el sulfato, vueltas y vueltas a fuego lento hasta que la textura que desea el maestro esta conseguida y comienza la labor del enyesado, una, dos…. cinco o seis capas según necesidades, capas distribuidas sabiamente, pues hay que conseguir que el sulfato esté tierno y fuerte para que los hierros entren con firmeza en el retallado que recorrer to dos y cada uno de los rincones que componen la talla barroca, buscando y rebuscando. Hay que unir bajo un mismo criterio y con el máximo respeto el magnífico trabajo realizado por los distintos artistas que compusieron tan bella obra.

Vuelta a las lijas, para que entre estas y el tacto nos den esa superficie suave donde el bol ha de poner ese punto especial que tras el paño nos pida que el oro sea posado con mano maestra y caiga suavemente sobre su superficie. El oro y con la maestría que caracteriza a Pepe Aguilar, es acariciado con el ágata para conseguir ese dorado casi perfecto y jugando con sus sentimientos de artista, de a cada zona la intensidad de brillo deseado, conjugando brillo y mate, con el objeto de alcanzar mejores efectos para con la talla, convirtiéndolo todo en un ascua de luz. Un trono de luz, sentimiento y arte para Nuestro Padre Jesús de las Torres, que lucirá todo su esplendor en la noche del próximo Jueves Santo.

EPILOGO

A hombros de los sufridos portadores perotes, por el sinuoso camino de las calles de Álora, custodiado por la Brigada Paracaidista que año tras año acompaña con hombría y fervor a Nuestros titulares, seguidos paso a paso por sus hermanos con ese extraño recogimiento que en estas tierras representa el contacto humano con Dios en medio de nuestras calles, convirtiéndolo en una explosión de alegría y fe difícil de entender. Nuestra religiosidad se expresa con auténticos alardes que hacen per durar en el quehacer diario de todo un año, acercándonos a Dios y su Madre un poquito cada día, es nuestro modo de amar y de reflejar todos nuestros sentimientos. Esto cala en el pueblo y hasta el más agnóstico siente un extraño frío que recorre su cuerpo haciendo surgir en su interior, en silencio y sin que nadie se entere, esas serenas preguntas, que quizá un día no muy lejano tengan su respuesta, y si no, pregunten a Don…, mejor dejémoslo, y contemplemos en «La Despedía» ese extraordinario ambiente de acercamiento a Dios, pueblo de Jesús de las Torres, acto extraordinario y fervoroso, que nos llena de alegría e ilusión, que cuando ha terminado ha sabido a poco. Dios es grandioso, ha unido las pequeñeces mundanas con la grandeza divina y en muchos ha conseguido un montón de amor: es un rezo por la paz del pueblo de Álora.

¡Viva Nuestro Padre Jesús de las Torres!

Paulino Giménez Ramón

Revista Nazareno de las Torres, año 1996

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