Efemérides.- Fallecimiento de Diego Fernández Perea

23/04/2019

Diego Fernández Perea, falleció el 23 de abril del año 1983.  Fue Hermano Mayor desde 1977 al año 1983.

Durante su vida fue un buen hermano de Jesús al igual que toda su familia, y contribuyó notablemente al aumento del patrimonio de nuestra Archicofradía.

Sus sobrinos Juan de Jesús y Francisco Fernández Gil, hermanos de nuestra archicofradía y hombres de trono de La Despedía, les siguieron en su camino de amor a la Hermandad.

Diego Fernández Perea, Hermano desde que nació y su Hermano Mayor en la fecha de su fallecimiento.

Fue el segundo de una familia de seis hermanos. Nació el 17 de diciembre de 1931. Su madre, María Perea López, y su padre, Juan Fernández Segura lo bautizaron con el nombre de Diego.

Creció en Álora rodeado de sus hermanos Juan, José, Francisco, Antonio y Maribel, y junto a sus amigos entre los cuales se encontraban la que en un futuro sería su esposa: Lola Cordero Gallardo.

Era un gran comerciante y una maravillosa persona, y con un carácter abierto y espontáneo que sabía ganarse el aprecio y el respeto de cuantos le trataban. Todos le recordamos constantemente y sentimos su pronta pérdida.

Nosotras, sus sobrinas, debido a nuestra corta edad, quizás no sepamos expresar debidamente su forma de ser, pero si podemos afirmar que era una magnífica persona, un hondo creyente y sobre todo un gran amante de Nuestro Padre Jesús siguiendo el sentir de su padre, al que llegó siempre muy hondo el Señor de las Torres.

El 24 de abril de 1983, a pocas fechas de la Semana Santa, Jesús le llamó junto a Él como a tantos de nuestros mejores Hermanos.

Diego, que además de un gran corazón tenía un gran temple, sabía que la enfermedad que le aquejaba no tenía remedio y que su fin estaba bastante cerca, por eso no pudo acompañar a Jesús en la procesión del Jueves Santo el 14 de abril, pero aquel mediodía, como hacía siempre, pidió le llevaran a Las Torres y ante Nuestro Padre, derramando copiosas lágrimas pudo despedirse de Él y quizás en su silencio decirle: !SEÑOR, HASTA PRONTO!, pues el sabía que aquí en la tierra ya no volverían a verse. Diez días después cumplía su promesa presentándose ante Él para estar en su compañía eternamente.

Durante la enfermedad no derramó ninguna lágrima, pero esa tarde, ante su amado Jesús no pudo contenerse y lloró. Lloró quizás por irse tan pronto; Lloró por aquellos seres queridos que dejaba atrás; Lloró por la alegría de tener su alma preparada para el momento en que Jesús le llamara; Lloró quizás por no haber podido cumplir todos los proyectos que tenía en mente con respecto a la Hermandad, y quizás también lloró por la satisfacción del deber cumplido pues en su mandato de Hermano Mayor fueron muchas las cosas conseguidas.

Si con Manolo se inició la nueva Túnica, con Diego se acometió el nuevo trono que hoy luce Nuestro Padre. Junto a Diego también inició Paco Lucas las conversaciones para la nueva Cruz, esa nueva Cruz que tanto ilusionó a su padre hacer.

No llegaron a verla en vida pero sí la contemplarán desde el Cielo y podrán sentirse orgullosos de haber pertenecido a la Hermandad de Jesús, y desde luego, la Hermandad está orgullosa de haber tenido estos maravillosos Hermanos.

Hnas. Fernández Rengel

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