Efemérides.- Fallecimiento de Francisco Pérez Hidalgo

18/12/2019

Si hay que hablar de un hombre tenaz y trabajador, no sería otro que don Francisco Pérez Hidalgo, farmacéutico y eminente analista durante cincuenta años en Álora, que siempre ostentó un cargo directivo en la hermandad de Jesús de las Torres, jesuita de toda la vida. Su padre fue amortajado con la túnica morada y los cordones amarillos.

Nació don Francisco el 20 de septiembre de 1923, hijo de don José Pérez Bueno y doña Isabel Hidalgo Márquez, a la que no conoció, puesto que se la llevó de este mundo la epidemia de tifus exantemático, dejándolo huérfano de madre a los tres meses, siendo criado por su abuela paterna doña Francisca Bueno García y por su tío don Diego Pérez Bueno, sacerdote, capellán del colegio de la Misericordia, de Málaga. Con gran provecho estudió el bachillerato; siendo un mozalbete falleció su tío don Diego al que veneraba. A los pocos años murió también su padre, quedando solo con su abuela.

Escogió la carrera de Ciencias Químicas, su verdadera vocación, en la Universidad de Granada, pero al año se pasó a la de Farmacia., en la Facultad de la misma Universidad; carrera que estudió con gran brillantez, obteniendo becas todos los años. Coincidieron sus estudios con los llamados años del hambre y él, hombre de complexión fuerte, era de mucho comer, por tanto las pasó, como vulgarmente se dice, canutas.

De su perseverancia, habla la siguiente anécdota, que la sé de buena tinta, pues se la oí personalmente en mi casa de Granada, de boca, o de don Francisco Zamudio o de don Juan Pérez-Lanzac, ambos entonces estudiantes en Granada. Yo un niño, oí que contaban: “Paco Pérez, que llevaba dos o tres noches sin dormir porque era tiempo de exámenes, lo lograba tomando pastillas de simpatina, pero no pudo más y cayó sin sentido al suelo”.

Terminó la carrera y se colocó en el laboratorio de análisis clínicos del Hospital Civil de Málaga, adquiriendo experiencia. En aquella época era director del Hospital el Doctor Gálvez Ginachero, el cual pagaba de su bolsillo las carencias del laboratorio, en aquel tiempo de penurias. Esto quedó grabado en su alma, tan bello ejemplo y durante su vida, lo imitó, haciendo obras de caridad a escondidas.

Fue director de los laboratorios farmacéuticos Mérdia-Nicolich. Por fin le cogió el traspaso de su farmacia en Álora a don José Sánchez Gadeo. Fue por oposición inspector farmacéutico municipal. Excelente analista, al servicio del prójimo con verdadero desprendimiento, siempre dispuesto, a horas intempestivas seguía haciendo análisis, continuamente durante el curso de su grave enfermedad, sin demostrar desmayo alguno.

Se casó con doña Francisca Navarro Sánchez, constituyeron un matrimonio ejemplar, tuvieron siete hijos, a los que educaron en el santo temor de Dios y amor al trabajo. Dos de ellas hicieron secretariado, dos son médicos, dos farmacéuticos y una abogada.

Enviudó, quedando profundamente triste, los hijos hicieron lo imposible para distraerlo, casi lo lograron, pero su pena no desapareció del todo. Todos los Jueves Santos acompañó a Nuestro Padre y el Viernes asistía con puntualidad a acompañar  Cristo a su Entierro.

Su muerte fue sentida por todo el pueblo; a mí concretamente me impactó sobremanera, ya que el 15 de noviembre de 1996, fuimos juntos de excursión a Yunquera, a honrar la memoria del Santo Varón Juan Duarte, heroico mártir seminarista. Iba estupendamente, lleno de vida. Me dijo en el autobús “vamos a rezar el Rosario, sin adornos ni letanías”. En Yunquera visitamos la casa de mi difunto e inolvidable amigo Paco Sola-Portocarrero, convertida en museo por el Ayuntamiento; le gustó mucho. Pues bien, al mes y tres días, el 18 de diciembre, la Virgen de la Esperanza se lo llevó sin túnica, ni cetro, definitivamente al encuentro de su amado Padre Jesús.

Francisco Pérez Hidalgo (1923-1996)

 

Regino Antonio Bootello Miralles

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