Efemérides.- Fallecimiento de Salvador Morales García

25/01/2019

Con la aurora de una nueva Cuaresma no viene mal irse al texto del evangelio para reflexionar qué es lo que quiere Dios de cada uno de nosotros.  Salvador Morales García, falleció con  91 años el pasado 25 de enero del 2019, siendo Hermano Mayor durante los años 1972-1973 y 1983.

Él, que siempre fué hermano de gestos, muchos de ellos impulsivos, no dudaba en poner la rodilla en tierra y hacer efectiva la llamada de San Pablo a los filipenses que tantas veces oímos y leímos cada vez que llegaba el més de Jesús, en el que ha tenido la dicha de llegar al reino celeste.

Acontecimientos como la despedida de un hermano de tanta relevancia, tanto en lo personal como en lo corporativo, los pone Dios en nuestro camino para reflexionar a dónde vamos, de dónde venimos y sobre todo qué quiere de nosotros.

Son sin duda una forma de recargar pilas para afrontar eventos venideros como el 75 aniversario del Señor de la Columna o el congreso nacional de hermandades del Dulce Nombre que convierten dos mil diecinueve en año de júbilo por acontecimientos que se van a vivir una vez en la vida.

Despedir a una leyenda, no es la primera vez que nos pasa. En el caso que nos ocupa, lejos de reproducir la sucesión de cargos desde que en 1950 aparece en las primeras juntas, hay que pararse en su forma de sentir a la Hermandad. Decía alguien en su entierro “Nuestro Padre fue su vida”, yo añado que su vida fue Nuestro Padre. Nuestro Padre, en Salvador Morales, no sólo debe entenderse la devoción a Jesús de Las Torres.

Nuestro Padre era la forma de nombrar, venerar y querer a la Hermandad de varias generaciones en la que la misma pasó por fases de rosas y espinas.

Sus ojos vieron nacer a todos los actuales titulares, siempre a la luz y con la fuerza que desprendía y desprende desde su Capilla la devoción nazarena que camina ni más ni menos a los cinco siglos de existencia.

Con el permiso de los lectores y especialmente de aquellos hermanos que quieran modelar y perfeccionar su perfil archicofrade ante los retos de las próximas décadas, me atrevo a desgranar cinco de las cualidades de una personalidad apasionante y apasionada que fue capaz de fundir siempre teoría y práctica para conseguir un plus de crecimiento siempre en beneficio de la Hermandad que superó momentos en los que su supervivencia de la misma se vio incluso cuestionada. Fue por encima de todo un incondicional.

Nunca hubo ningún pretexto que disfrazara cualquier misión encomendada, llegando a ser hermano mayor en dos fases diferentes cuando nadie quiso asumir ese papel.

“AL PASO DE JESÚS, TODA RODILLA SE DOBLE” (Flp.2.10)

Siempre estuvo disponible, hasta tal punto que el salón de su casa peligró en alguna ocasión en la que los paracaídista se quedaron sin hospedaje.

La generosidad, entendida por encima de las aportaciones materiales, fue practicada en múltiples ocasiones, dió y compartió todo con todos sin recibir nada a cambio.

El mayor de sus servicios fue sin duda el legado transmitido a su descendencia. Hijos, nietos y bisnieta tienen la oportunidad de agrandar la historia devocional familiar con nuevas tareas para mayor honor y gloria de nuestros titulares.

Sin embargo, para los que tuvimos el privilegio de quererle, fué la lealtad el gran exponente de su modelo de vida. Ser leal, es ser fiel a unos principios morales o a unos compromisos adquiridos; en su caso heredados de su madre, de su tío Pepe y de su abuelo Tomás, ejes devocionales para él y representantes de décadas nazarenas de esplendor que el parón de la guerra civil frenó de manera trágica.

Ojalá que el espejo de Salvador Morales García y la sucesión de sus valores nos ayuden a ser cada día más incondicionales, disponibles, generosos, serviciales y leales.

Busquemos siempre para conseguirlo la mediación de María Santísima de las Ánimas. Con su protección amorosa será todavía más sencillo aprovechar el ejemplo de quien ya ha tenido la oportunidad de sentir el abrazo eterno de Cristo en toda su plenitud dejando surcos derechos en su largo caminar junto a nosotros.

Es la única manera de vivir felices en esta tierra, saboreando y disfrutando no solo del reto que supone una nueva Semana Santa sino de todo lo que nos trae el día a día de nuestra querida Hermandad.

Francisco Lucas Carrasco Bootello
Hermano Mayor

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