Efemérides.- Jura de Bandera para personal civil celebrada en Álora

31/03/2019

El día 1 de abril de 2018, la Hermandad ve cumplido un sueño que generaciones de cofrades anhelaron desde que en 1957 los primeros paracaidistas escoltaron al Señor de las Torres.

Gracias a la solicitud y colaboración del Excelentísimo Ayuntamiento de Álora, tres centenares de solicitantes tuvieron la oportunidad de Jurar Bandera o renovar el juramento que hicieron en su día al hacer el Servicio militar. El Evento se celebró en el Campo municipal de fútbol Nuestra Señora de Flores y estuvo presidida por el Excmo. Sr. Juan Gómez de Salazar, Teniente General Jefe de las Fuerzas terrestres.

Jamás olvidaremos la acogida y el despliegue realizado por la Brigada Paracaidista que desde el General Pérez de Aguado hasta el último CLP de la compañía se mostraron tan entusiasmados como nosotros mismos por poder tener este privilegio.

Recogemos seguidamente parte de la intervención del Coronel Cortes Delgado que dirigió la formación:

“…. Los paracaidístas hemos venido hoy con nuestro símbolo más querido, respetado y emblemático: nuestra bandera. Bandera que recoge en sus pliegues la cultura, tradiciones, historia y valores patrios; tejida con unos hilos tan fuertes como son los del esfuerzo de los españoles que a lo largo de muchos siglos han entregado sus vidas para que tengamos las suerte de vivir esta españa.

Un grupo de conciudadanos ha jurado o prometido servir a España hasta sus últimas consecuencias, con todo lo que ello conlleva.

Una compañía de paracaidístas ha sido testigo de este compromiso que lleva asociado unos valores que son patrimonio de todos los hombres y mujeres de bien: lealtad, generosidad y amor a España…tenemos que felicitarnos por ello. Gracias por vuestro ejemplo, sois nuestro ejemplo.

Habéis sellado en forma de beso vuestro juramento o promesa ante todos los que os hemos acompañado, que no somos otros que vuestra familia en el sentido más amplio de la palabra, la de parentesco, la de la amistad, la de vecindad, a de la patria. Ese espíritu de familia hace patria y la patria no tiene razón de ser si no tiene la vocación y el respaldo de la familia.

La familia paracaidísta, nos sentimos más que orgullosos de tener hoy en Álora este derroche de generosidad y manifestación externa de valores tan necesarios en nuestra sociedad sin pedir nada a cambio ¡qué grandeza!

A partir de ahora, debéis cumplir vuestro compromiso con España y con los españoles.

Compromiso…que seguro no os exigirá el supremo sacrificio de vuestras vidas… ni os exigirá entrar en combate. Este vínculo os pide que defendais España desde la razón, la ejemplaridad, vuestra entrega en el trabajo, la educación de vuestros hijos…el empeño en mantener valores como la honradez, la solidaridad con vuestros vecinos, la de mostrar en público cariño y respeto a los símbolos patrios, la de sobreponer los intereses de la comunidad a los propios en pocas palabras, defender la honra y el orgullo de nuestro proyecto común que es España….”

 

Basta poner un pie en Álora y desparramar un poco la vista y la memoria por sus rincones, para caer en la cuenta de que los lazos de unión existentes entre la Hermandad del Dulce Nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres y la Brigada Paracaidista son ya indefectibles, porque están templados en muchos años de amistad, cariño y respeto, y están sostenidos por dos pilares fundamentales: la fe católica y el amor a España.

 

Ese vínculo, que se remonta al año 1957, se ha convertido en una tradición que todos estamos obligados a mantener, porque es la mejor prueba de la solidez de nuestra relación y porque nadie podría entender la Semana Santa aloreña sin los paracaidistas, como nadie entendería hoy a la BRIPAC sin su hermanamiento con esta cofradía que tanto admiramos y queremos.

Esa tradición, llena de detalles, provoca cada año nuestra emoción y da forma a nuestros sentimientos. Porque en esta sociedad tan desordenada y donde todo ocurre tan rápidamente, el afán de cada día y la vorágine con la que se suceden los acontecimientos nos hacen perder las referencias y olvidar que los detalles tienen mucha importancia en la vida. Tanta que, en muchas ocasiones, podríamos decir que constituyen la esencia misma de algunos de los principios que siempre hemos considerado primordiales.

Sobre la base de esos detalles se han consolidado nuestros sentimientos, han tomado forma nuestras tradiciones y han encontrado hueco en nuestros corazones y en nuestra memoria esos valores que siempre se han considerado fundamentales y que han permitido, junto a nuestras raíces cristianas, que los españoles disfrutemos de esos bienes supremos indispensables para nuestra convivencia y desarrollo -justicia, libertad, igualdad y soberanía-. Por eso es tan importante el patriotismo y abrir nuestro corazón a tan nobles emociones. Porque sin valores, sin creencias, si el alma está helada, si el espíritu no se conmueve ante estos sentimientos, jamás podrá comprenderse lo que es España y lo que la bandera representa.

España es mucho más que un espacio geográfico; España es una gran nación; un lugar abierto, diverso y dinámico que tiene identidad propia y una historia envidiable. Pero, sobre todo, España es una empresa común, unos principios y unos valores. Es un ideal y la garantía de nuestra libertad. Por eso vale la pena creer en nuestra nación y poder así apreciar el orgullo de ser español.

Como hicieron tantos perotes el pasado mes de marzo cuando depositaron su beso sobre el más representativo de nuestros símbolos, sobre nuestra bandera nacional. Ésa que encierra entre sus pliegues un sueño; un sueño de justicia, de libertad, de seguridad y de progreso. Un sueño para promover el bien de cuantos integran la nación española. Un sueño que regalar a nuestros hijos, como han hecho nuestros padres y como hicieron antaño tantos y tantos españoles al darlo todo por ella para que hoy nosotros podamos decir que somos españoles, que España es nuestra patria.

La bandera no es un paño de determinadas dimensiones y colores, no es una insignia política, no entiende de ideologías, es más que un distintivo nacional; la bandera es el emblema de la patria, es la representación material del estado. En nuestra bandera están encarnadas las tradiciones gloriosas de nuestro pueblo. Mirándola recordamos hazañas heroicas, esfuerzos inauditos por nuestra independencia y episodios grandiosos de gloria y de esplendor.

La bandera nacional resume toda nuestra vida; porque, por uno de esos fenómenos morales para los que el análisis  resulta impotente, esa bandera que besasteis ese día nos muestra al mismo tiempo el pedazo de tierra en el que por primera vez admiramos la grandeza de la Providencia, nuestra casa, a nuestros antepasados y a toda la familia; recuerda el lugar donde se nos educó, los cánticos de nuestras regiones, nuestra lengua materna, nos hace aspirar el olor de nuestros campos y nos trae a la memoria el lugar de nuestros juegos de la niñez.

Es el recuerdo vivo de los infortunios, de la alegría, de nuestras creencias, de las costumbres, de las artes, de las tradiciones y de las leyes. Esa bandera abraza a todo a la vez, desde el hogar familiar hasta la cruz bajo la que reposan nuestros abuelos.

El patriotismo es el impulso que puede hacer grande y fuerte a un pueblo. Pero el patriota debe serlo de verdad, con desinterés y abnegación. La patriotería no es necesaria, no nos interesa, lo que hace falta son españoles dispuestos a sacrificarse por su país sea cual sea su ideología o religión, españoles que no hagan proclamar sus proezas. Porque el patriotismo siempre ha existido; si adormecido en ocasiones, en cambio ha bastado el más ligero soplo para que el español se haya mostrado arrogante, enérgico y dispuesto a ceder su fortuna, su vida y todo para salvar a su patria. Éste es el misterioso efecto de la palabra de honor que se empeña durante el juramento. Por eso el amor a España -el patriotismo- es algo que se siente mejor que se explica.

Señor de las Torres, que Tu manto acoja a los miembros de Tu Hermandad, a todos los perotes y a los paracaidistas, protégeles y dales fuerzas para que, siendo mejores cristianos, puedan ser también mejores españoles.

 

Juan Gómez de Salazar Mínguez

Teniente General Jefe de la Fuerza Terrestre

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