La «Despedía»

17/06/2020

«En la «Despedía», los nazarenos que van en cabeza llevando los tronos, caen al mismo tiempo prosternados de rodillas… mientras los corazones oran y los labios musitan una plegaria». (José María. Oropesa)

Desde hace algún tiempo, me hice el propósito para este nuevo número de nuestra revista, dedicar un artículo exclusivo a la faceta más sui géneris de nuestra Semana Mayor, diría que al acto más importante de los que se producen en Álora durante todo el año. Bien es verdad que en otro tiempo abundaron en nuestro pueblo almas intrépidas y corazones inquietos que dieron unas características poco comunes al «perote» de a pie, éste, conformó de forma y modo su personalidad formando una sociedad eminentemente activa y sobre todo atractiva, de este espíritu de antaño sólo sobrevive en la actualidad las devociones populares de la semana santa, y sobre todo «La Despedía», ceremonial único en el mundo que hace conocer nuestro pueblo por la geografía nacional.

Vamos a ello y empecemos por aparcar pasiones reconociendo la importancia de las dos cofradías que protagonizan “La Despedía»: María Santísima de los Dolores y Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres son, con diferencia, las advocaciones más veneradas de nuestro pueblo; cada año sus hermandades se esfuerzan para mejorar su esplendor reflejado en el encuentro de la mañana del Viernes Santo, que más que «Despedía», pudiera llamarse reencuentro o renovación de los votos cofradieros para seguir luchando un año más.

La primera crítica que a nuestra «Despedía» hacen los irrespetuosos, o mejor, los irreverentes, es la falta de religiosidad, no quieren entender que el encuentro entre dos hermanos representado por las sagradas imágenes, es un entrañable abrazo entre los mismos, no ven las lágrimas de los presentes delante de Dios y de su Madre; o no recuerdan los frutos de la caridad de algunas de las dos cofradías durante el año transcurrido…

Otros dicen que siempre es lo mismo, pero todos los años bajan. Cada cual vive su particular «Despedía», incluso bebiendo en las fuentes cofrades de la historia local nos encontramos con diferentes acepciones de nuestra «Despedía».

En primer lugar, me encuentro con la definición de mi maestro de enseñanza primaria don José María Oropesa, que dice: «en medio de religioso silencio, se colocan frente a frente, a pocos metros de distancia. a la señal convenida del hermano mayor se acercan las sagradas imágenes una hacia la otra con movimientos rítmicos, acompasados, llenos de majestuosidad. los nazarenos que van en cabeza llevando los tronos, caen al mismo tiempo prosternados de rodillas (…) mientras los corazones oran y los labios musitan…»

Diez años después, el insigne alcalde y hermano mayor de Jesús, don José gonzález, escribía; «… ya están frente a frente la madre y el hijo.

Al rumor de la colmena de la multitud sucede un silencio impresionante. los portadores de los tronos con las túnicas arremangadas miran con fijeza al director de la ceremonia. este con ademanes los hace avanzar, retroceder y arrodillarse con exactitud matemática (…) ¡qué minutos más intensos hemos vivido! en estos momentos en que no se piensa, sólo se siente, es cuando el pueblo ha estado más cerca de Dios…

Estas palabras lo dicen todo, el espíritu divino, la cercanía pueblo dios se hace latente en la «Despedía». La máxima expresión de nuestra religiosidad popular.

Don Juan Calderón Rengel, daba buena muestra de que su corazón estuvo siempre al lado de nuestra hermandad en el pregón que nos dedicaba el año cincuenta y nueve, su definición de «Despedía» puede que sea la más clara: «…rostros pálidos y demudados, los nervios son dueños y tiranos de la situación. el hermano que va a dirigir el acto, entre trono y trono, los brazos en cruz para ordenar lo inconcebible. Porque inconcebible es lo que ocurre entonces en la plaza baja de Álora. la «Despedía» nos puede a muchos conmigo ha podido ya. y aquí en la esquina de la calle bermejo, me quedo esperando su terminación, porque tampoco soy capaz de describirla…»

Si hablamos de la «Despedía», no podemos obviar el tema de la rivalidad, que sí los menos no entienden, los más, pensamos que es sana y necesaria nuestras maneras cofrades no son competitivas como algún despistado o mal intencionado pudiera pensar, nuestras formas son simplemente el engrandecimiento de nuestras cofradías. Álora no puede equipararse con otros pueblos cercanos que a su manera viven formas distintas de rivalidad. La «Despedía” no está completa sin el abrazo final entre nazarenos negros y morados.

Así pues, la «Despedía» es además de muchas cosas, abrazo, religiosidad, ritmo, majestuosidad, nervio, acompasamiento, rivalidad…, en definitiva, un acto de fe, para el que la tenga y sin duda una demostración de amor, si no, escuchen a don Agustín Lomeña en su magistral pregón: » se va a producir el tremendo desenlace. A una madre le quitan a su hijo. Y Álora entera quiere vivir el dolor de Jesús y de su Madre. Y asistimos a la «Despedía» arrodillándonos todos. Sí, ya sé que se arrodillan y se levantan, una y otra vez. Pero es que todos nos arrodillamos y nos levantamos con ellos. Ahí al lado. En la plaza de abajo, no cabe un alma y jamás tantas almas han latido al mismo tiempo. Es otra vez el amor y el dolor. Los portadores de los tronos parece que con su dolor quisieran aliviar el de Jesús y el de su Madre. No es la fuerza física lo que les hacen levantar los tronos, es la fuerza del amor…»

La fuerza del amor, algo que hace concebir lo inconcebible, lo más grande y hermoso que pueda imaginarse, más propio para ser vivido que para traducirlo verbalmente, eso, la «Despedía».

Francisco Lucas Carrasco Bootello

Revista Nazareno de las Torres, año 1994.

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